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A D O R A D O R E S D E L SOL PBPiTo ha divisado una lagardja que estaba puesta sobre lo más alto y estratégico de un muro ruinoso, y en cuanto la vio, ha cogido una piedra y se ha dispuesto á matar la lagartija. Apenas si he tenido el tiempo suficiente para dar una voz y detener el brazo de Pepito. ¿Qué ibas á hacer, desgraciado? Pepito ha soltado la piedra sin atreverse á protestar; pero no ha podido menos de preguntarme, con cierta perplejidad en el rostro: ¿Por qué me impides matar ese animalillo i n m u n d o é insubstancial que ningún fin cumple en la vida? -Las lagartijas- -digo yo entonces- -no cumplen ninguna misión aparente, en efecto. Tú ves ese bichejo que huelga, que no hace nada en todo el día, que se pasa la existencia cazando mosquitos al vuelo, y calculas que para nada sirve; si lo llegases á matar, tu conciencia permanecería tan dichosa. Pero has de entender, de hoy para siempre, que todos los seres y todas las cosas han venido al mundo á cumplir alguna misión, y que en el mundo no hay nada inútil. El mundo tiene el mismo sentido práctico que el más positivista de los comerciantes; el mundo aspira á la utilidad, y rechaza todo lo que es inútil; todo lo aprovecha, lo mismo que el más escrupuloso d é l o s comerciantes. El mundo tiene la avaricia y el buen sentido de un judío... -Pero yo no veo que las lagartijas cumplan ninguna misión- -arguye- Pepito. ¿Y qué sabes tri? ¿Qué sabemos todos nosotros? ¿Por ventura hemos ílegado á la cumbre del conocimiento y ya no quedan interrogaciones para el hombre? -Entonces- -insiste Pepito con un esfuerzo de su lógica infantil, -entonces nv- podremos m a t a r á nadie ni destruir nada... No podremos matar una víbora ni arrancar una piedra que nos estorba... ¡Ah, picarillo, y qué temprano empiezas á usar del sofisma! Mira, Pepito, escucha y recuerda lo que voy á decirte: Cuando encuentres una víbora en tu camino, mátala sin titubear; cuando uu obstáculo se atraviese delante de tus propósitos, siempre que éstos sean noiales, destruye el obstáculo en seguida que puedas y sigue tu camino. Pero lo que nunca has de hacer de ninguna manera es matar y destruir por placer, inútilmente. Un el primer caso, tu acción se llamaría valor y prudencia; en el segundo caso se llamaría crueldad. Huye de la crueldad tanto como has de amar el valor y la prudencia. Has de ser como los caballeros de la antigüedad: enfurécete delante de un protervo enemigo, destruyelo; pero ante los débiles, los inocentes y los desgraciados tiende tu escudo protector ó tu benigna mirada. El héroe, amigo mío, se distingue por su fuerza y por su bondad de corazón; el héroe consentiría morirse antes que ceder el paso á- un dragón espantable; pero si encuentra una hormiguilla en su camino, el héroe no siente rubor en apartarse p a r a q u e la hormiguilla pueda pasar. J. M. a S 4 LAVERR 1 A. DIBU DE ÜEGIDOIÍ i M -s í