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5 SENSACIONES DE VERANO EL RIEGO M A T U T I N O p RA de madrugada; las estrellas iban pronto á desmayarse, á adormecerse entre los ampos de la luz diurna. Flores, frutas, hojas y hierbas dormían. Aún la corta noche estival no había pasado. A esta hora callada y solemne levantóse el hortelano, mató el bicho con un buche de aguardiente, quitó el tapón entrapajado de la alberc de donde á borbotones salió el agua fresquísima y serenada, y luego, á tientas, d aigió el hombre, raedera en mano, el riego de la huerta. Por los canalillos que en sabia y complicada red cortaban en surcos profundos el plan de hortalizas, comenzó el agua á rodar alegre y bulliciosa. Apíintaba indeciso el día, removíanse ya las aves, buscaban los murciélagos las resquebrajaduras y oquedades á que se acogen durante el imperio de la luz, picoteaban las gallinas. Piaron los pájaros en el nogal de la fuente, un mirlo cantó en la higuera de la casilla, una bandada de jilgueros pasó hacia los olivos que se desperezábala de su murria nocturna; sin temor á espantajos, los gorriones atacaron las uvas pintonas á la sazón. Gayaron sobre la alberca los primeros rayos del sol, que iluminaron el cristal de las aguas y los ladrillos sequiálteros del fondo. A la caricia de la luz los higos destilan miel y los troncos de los melocotones resina de color de topacio; comenzaron las langostas á cantar en las rastrojeras, mientras que el agua corriente seguía su curso por los cauces que el hortelano le trazara, entre los plantanales de pimientos, tomates ó mofletudas y perezosas calabazas. Por el aire que se despertó al amanecer difundióse un grato olor á tierra mojada; era un perfume tan agradable que las mismas bestias lo aspiraron con delectación, y de ello dieron muestra con sus alegres rebuznos y relinchos. Biscurria el agua, hirviente y parlera, bajo las verdes hojas de la hortaliza, filtrándose por las capas permeables del mantillo esponjoso. Regados los frutales, los granados y los membrilleros, aún sobró fecundo, líquido para refrescar los girasoles que miraban á llevante, y exhausto ya el recipiente, taponó el hortelano el agujero de desagüe. Oyóse. luego, durante todo el día, caer el chorro alegre y sonoro del agua, que por una cañería subterránea llegaba de la arqueta á verter en la alberca, hasta que al declinar la luz dio principio el riego vespertino. I,o s girasoles miraron á Poniente; se durmieron los árboles, las plantas y los pájaros. 13 n el cielo encendiéronse la. estr: l! as 5 la iuna. El agua fluía abundante y fresca. ViüaiLio COLCHERO IIBUJO DE ESPÍ