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ESCENAS PARISIENSES I AS JORNADAS DE JULIO A pesar de la tempera tura- -que es la del frito, -el pueblo de París, para conmemorar las jornadas de: Julio, se pasa; estos tres días bailando sin parar. Las tabernas ostentan vistosas ilumina, ciones; en las calles de ciertos barrios no; hay rnás, que banderolas, gallardetes y colgaduras, y á cada veinte pa. sos se eleva un tenderete donde media docena de murguist a s e n mangas de camisa y sudando, la gota gorda soplan constantemente en los, instrurnentos, y se atiborran entre pieza y pieza de vinillo gris; í; i- pueblo de París conmemora de este modo la destrucción de, la Bastilla, y porque utios cuantos hombres de buena voluntad, el 14 de Julio de 1789, echaron al suelo la histórica fortaleza y asesinaron á D: ela. unay, qbreritas y estudiantes bailan hoy que sé las pelan... Pero no bastaba un día de fiesta, y la tercera República, niagnánima y. generosa, ha, querido que el pueblo solem uice las históricas jornadas de Julio con tres días á juerga, baile y borrachera, durante los cuales la policía no vive y los médicos de los dispensarios no pueden faltar ni uti instante de su puesto, porq; ue con el vinillo gris y él calor propio de la estación los ánimos suelen excitarse y no es raro escuchar Za Petité lonkinoise con acompañamiento de disparos de revólver... Claro qué estás jornadas de Julio no hacen tantas víctimas cbrñó las fiestás de la Independencia yanqui que todos los años se celebran con medio millar dé cadáveres... En París éstos. intermedios trágicos corren á cargó de Alfonso el de Montparno y de Luis el de Seb asto que se divierten paseando triunfadoras las bandas de apaches que capitanean por todas las tabernas del qúdrtier. -La tercera República és benévola y disculpa estoís ligeros excesos porque hay qlié tener en cuetita que los cometen gentes, poseídas de patriótico ardor. Lo mismo hacían los ciudadanos del Irñperib ál llegar el 15 de Agoáto, día de San Napoleón, mártir, un santo ignorado que descubrió la. Iglesia para adular á Bonapárte. Y. no Se Conducía rñás cuerdamente el pueblo de París durante el gran reinado cuando solemnizaba el 25 de Agosto, día de San Luis, rey de Francia. Las fechas, pues, podrán haber variado bajo cada régitnen; pero el pueblo no, y el pueblo bailatea en la fiesta de San Napoleón, mártir; bailaba también el día dé San Luis, rey de Francia, y ahora continúa bailaiido cuando el calendario anuncia el aniversario d é l a toma. de la Bastilla; ¿Rec rdáis. con qué, entusiasmo nos hablan á veces los oradores radicales de aquél hecho glorios En nuestra imaginación, la Bastillafué algo así como una fortaleza inexpugaable... Y sin embarga, Marat nos diceque se repartieron invitaciones paraasistir á la toma de la fortaleza ni más ni menos que si se tratara de una revista militar ó de un concierto, y muchas damas presenciaron la hecatombe en primera fila, y el canciller Pasquier llevó á la fiesta á mademoiselle Contat, la actriz del teatro Francés. Los asaltantes realizaron una proeza, porque una vez abatidas las puertas de la prisión, cuando quisieron poner en libertad á los prisioneros... ¡oh dolor! noencontraron más que siete... Dos locos que hubo que encerrar en otra parte, un joven aciisado de un delito horrible y cuatro monederos falsos que fueron trasladados á otra prisión. Y esto retrata el carácter francés... Bueno que perdonemos al feroz asesino, al homicida contumaz, al parricida odioso... ¡Pobrecillos! Pero á los que falsifican moneda... ¡ah, no! ¡A éstos no! ¡Para éstos no pkede haber perdón ni aun en los días de borrachera revolucionaria, La tercera República, pasadas las jornadas de Julio, quiso glorificar d i o s destructores de la Bastilla, y pensionó á los 863 hoinbres de corazón que se presentaron á recoger los laureles. En 1874, es decir, ochenta y cinco años después, los Gobiernos republicanos continuaban pagando estás pensiones. Hoy, es de suponer que ya no quedará ningún superviviente, y la República emplea aquel capítulo de su presupuesto en pagar murgas y comprar perealina para que los niños grandes del pueblo bailen y se diviertan, mientras cantan á grito herido la Chansori dti Depart y La Marselksa. Pero. estos tres días de locura son horribles, porque París enseña todas sus miserias, todas sus féaldáde. s, y la iñendicidád es tolerada y llena los bulevares de harapos. Huye de París todo el mundo como de una ciudad apestada... Las calles dónde el pueblo canta, baila, bebe y se divierte dan la impresión dé úíia casa en la que sólo quedara la servidumbre dúeñ a del campo gozando de l a ausencia de lóS señores... Si... La huida se impone... Aunque no sea más que por escapar á estas bandas de mendigos que os asaltan enlas terrazas de los cafés exigiéndoos la limosna que las autoridades los permiten pedir... Huyamos de ellos, si... Y nosotros con doble motivo porque casi la mitad de estos mendigos son españoles que no se sabe qué hacen aquí, ni de qué viven, ni dónde, el resto del año... ¡Pobres niños, que cuando oyen hablar castellano se os acercan alegres, convencidos de que no piden en balde, y os tienden la mano diciendo: -Para mi mamá que está malita, señorito... Una limoshita por Dios... ¡Ah! Y yo os lo aseguro... En tierra extranjera un niño que os pide en vuestra lengua una limosna par; i samamáqueestá malita... os desgarrará el corazón. JOSÉ JUAN CADENAS D BU 3 DE MEDINA VERA