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rnESARLVUELTA j calor, Thiers se desabrochó el gabán, y el desconocido vio que I, a de frac y corbata blanca. -Es extraño- -le dijo- -que andéis de frac por estos barrios y preguntéis por el Elíseo. -Es que soy el presidente. ¿El presidente de qué? Tliiers se mordió los labios, y anadió: -El presidente de... una sociedad benéfica. -A mí no me la da nadie- -murmuró. -Venid conmigo ahora mismo á la Comisaria. Thiers obedeció dócilmente, y como el comisario no estaba, tuvo que aguardar, hasta que, ya impaciente, dijo al policía: -Puesto que me obligáis á que diga quién soy, tengo que decirlo, porque no puedo hacer esperar á mis invitados. ¿Qué invitados? -El príncipe de Gales, el... ¿Qué decís? -La verdad, ¿Pues quién sois? -El presidente de la República írancet. a. El agente se deshizo en excusas, y Thiers no quiso ni siquiera preguntarle su nombre, pero no le perdonó nunca que le obligara á gastar en un coche de punto para llegar á tiempo al Elíseo. r L M l L A G R O D É L A ESPADA En una de las frecuentes excursiones que e l gran Federico de Prusia hacía de incógnito para hablar con sus soldados, encontró á uno que iba tambaleándose. -Camarada- -le dijo familiarmente, -Sé conoce que has trincado d é l o lindo. -Se hace lo que se puede- -contestó el borracho muy satisfecho. -Pero ¿cómo te las compones para tener dinero para Beber tanto? Yo tengo la misma paga que tú, y á mí no me alcanza... ¡Hay que ingeniarse y saber vivir! ¿No se te ocurre lo que hago? Pues es muy sencillo: empeño alguno de mis efectos, y como no nos pasan revista en unos días voy ahorrando en ellos poco á poco para sacarlos. cuando los necesito. ¿Y qué Kás empeñado esta vez? -La hoja del sable. El Emperador se fijó muy detenidamente en la fisonomía de aquel soldado, y al día siguiente se presentó en el cuartel de improviso á revistar la fuerza. Al pasar ante el soldado de la víspera, hizo salir de la fila al que se hallaba á su derecha, y dijo al primero: -Saca el sable inmediatamente, y da dos tajos á este infame, que. es un gran criminal. El soldado suplicó al Rey le relevara de castigar á aquel hombre que era su compañero y le tenía por muy buena persona. -Yo lo mando- -gritó el Rey, mostrándose inflexible. Entonces el soldado, poniendo la diestra en la empuñadura del sable, levantó los ojos al cielo, y dijo muy compungido: -Dios mío, antes que herir á un compañero, haced un milagro: ¡Que se convierta en hoja de madera el acero de mi sable! Y tirando de él apareció efectivamente un trozo de madera, con que había substituido la hoja empeñada. Hízole al monarca gracia este recurso ingenioso, y no sólo perdonó al soldado, sino que le gratificó por el milagro. r L P R l N C l P E Y E L A B A T E El valeroso príncipe de Conti h a b í a invitado á comer al abate de Foisenom. A éste se le olvidó la fecha del convite, y no acudió, lo cual disgustó mucho al Príncipe que le esoeraba. Ya se han practicado pruebas con el nuevo aeróstato, con un éxito tan satisfactorio, que por él se considera como cosa resuelta la navegación aérea. L REY DE LA PUBLICIDAD Así llaman en Inglaterra á M r Wareham Smith, cuya extraña carrera refiere la Prensa de aquel país. Parece que este señor comenzó de dependiente de una agencia de reclamos, y en unos diez años estaba ya á la cabeza de una de las más fuertes Asociaciones periodísticas del mundo. El fué quien supo persuadir á las Compañías ferroviarias, que andaban muy reacias, á servirse de los periódicos para la publicidad. Entre sus buenos negocios se cita el haber cobrado 9.000 francos de una importante casa tabaquera por un anuncio en el Daily Mail. Wareham es hoy poseedor de una de las mayores fortunas de Eondres, lo que no le impide continuar trabajando como el primer día de su carrera. La aplicación de la electricidad á la tracción de los vehículos ha tenido en Méjico una finalidad práctica, nada alegre por cierto. En la capital de aqutlla República existen ya tranvías dedicados á los entierros. Ea carroza fúnebre ha suprimido sus tiros de caballos empenachados, substituyéndolos con el motor eléctrico. T RANVIA FÚNEBRE y á remolque del coche que conduce el cadáver van enganchados varíes coches para las personas que forman el fúnebre cortejo. Es una reforma que viene á cambiar radicalmente la forma consuetudinaria de los entierros, substituyendo la fila de carruajes que siguen lentamente á la carroza fúnebre, por unos cuantos coches en que los acompañantes hacen un viaje al cementerio. El espectáculo pierde seguramente en ostentación, pero gana en cambio el sistema en comodidad, rapidez y hasta economía. ANÉCDOTAS T HIERS EN LA PREVENCIÓN El primer presidente de la República francesa, monsieur Adolfo Thiers, era sumamente modesto y económico. Uu día entró en un despacho de ómnibus de Grenelle, y preguntó: ¿El ómnibus que pasa por el Elíseo? Un desconocido se mezcló oficiosamente eu el diálogo, y le dijo: -Precisamente voy yo también al Elíseo; yo os diré el ómnibus... Este que llega. Subieron, y como en el interior del coche hacía mucho