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1 Fi I r Apenas abren la verja entramos en el Retiro, riendo como los novios, jugando como los chicos. No se ve u n alma, no se oye un ruido. iHem. os llegado los primeritos... Aún está en flor la mañana, el padre Sol no ha salido, y, entre silencios de alcoba, se oye el piar de los mirlos. ¡Ay, flor morena! ¡Ay, amor mío! ómo lloramos io que perdimos ...Tras los barrotes de hierro hay un leopardo cautivo, que, por sus ojos de esfinge, parece como esculpido. Da tu sombrilla en las barras y él sigue echado, tranquilo, mirándote con sus ojos de esfinge, pardos y ambiguos... Hablas, y entonces se alza el felino con los ijares estremecidos... ...Le hablabas como una madre cuando consuela á su hijo. al verme callado y triste, me hablaste con blando mimo; ¿Por qué estás triste, di, pobrecillo? ¿Me quieres? ¡Anda! ¿Me quieres? ¡Dilo! Y al recordar al leopardo y verme, más que él, cautivo ¡ay, flor morena! ¡ay, amor mío! Al recordar al leopardo Cuando, al mediar la mañana, ¡lloraba como un chiquillo... salíamos del Retiro, y él entornaba los ojos con un placer infinito: ¿Por qué estás triste, di, pobrecillo. ¿Me quieres? ¡Anda! ¿Me quieres? ¡Dilo! Y á tus arrullos de madre el leopardo, como un niño, iba entornando, entornando sus pardos ojos ambiguos... CRISTÓBAL DE CASTRO DIBUJO DE JUAN FRANCAS