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c MESA REVUELTA ¡Doctor, doctor! -dice un caba llero que llega jadeante á la me donde el médico está jugando al tresillo. ¿Qué ocurre? -Mi mujer que está gravísima. Vaya usted corriena por Dios. ¡Yo me quedaré jugando por usted mientra tanto... F AVOR P O R FAVOR REFRÁN ILUSTRADO Y dígame usted, portera, ¿la casa es tranquila? -Muy tranquila y silenciosa. ¿Silenciosa? -Sumamente silenciosa; no se oye una mosca- -Así me gusta. Porque yo toco el cornetín en la Ope ra, y necesito mucho silencio para estudiar las obras. NA CASA TRANQUILA u p L CHICO DEL COCHERO Un gran señor está recorriendo sus caballerizas, y encuentra al chico del cochero que está jugando en el suelo; le hace una caricia, y le dice: ¿Sabes tú quién soy yo? -Sí, señor- -contesta el chiquillo. -El señor que se pasea en el coche de mi papá. u N ERROR DE DIAGNOSTICO -Doctor, ¿uo se ha equivocado usted jamás en No hay amigo ni hermano, si no hay dinero en mano. alguno de sus diagnósticos? -Sí, amigo mío. Hace dos días, sin ir más lejos, vino á consultarme un hombre vestido como un mendigo, y creí que tenía una simple indigestión, y luego me he enterado de que es bastante rico para poder tener una apendicitis. RENGLONES CORTOS HOJA D E ÁLBUM Á FULÁNITA Hoja de un álbum futuro, para que escriba, ¿me mandas? Yo te agradezco el presente, pero el aiíKW me alarma. Que habrás de hallarle imperjeci. si á las poéticas galas que en otras hojas escriban, mis pobres versos comparas. Ya vte corte la coleta de lírico, y no hay en casa ni una lira, ni u n laúd, ni un arpa vieja, ni nada. Y si quieres que te cante, por ejemplo, que eres guap; y joven, pongo por caso, y elegante, verbigracia, tendré que hacerlo en la forma del que pregona: Las. plantas de claveles dobles, ese que tnmpoco s e acompaña. Pero como me figuro que así no te haría gracia, y yo resulto de canto mucho peor que de cara, quiero B c franco contigo, lo cual es una ventaja hoy que han subido los cambios, y es preciso hablar en plata. Es preferible en materias de cantos, á quien no canta, que cante la palinodia y esa sí voy á cantarla. LOS HONORARIOS- -Pero doctor, ¿quinientas pesetas por curarme un catarro? -Usted no sabe lo que he trabajado para hacerle sudar. ¡Pues haberme presentado esta cuenta! ólNCERlDAD- -Aquí, donde ustedes me ven- -decía. un presidiario, -yo he sido víctima de un error judicial. ¿Tú? -le preguntaban. ¿Cuándo? -Una vez que me absolvieron.