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DIÁLOGOS MADRILEÑOS -No diré yo tanto; pero sí es verdad que se h a cambiado mucho en materia de curas veraniegas. Antiguamente, el que no podía tomar baños de mar, se bañaba en casa, lleno de fe, con algas y sales marinas. Hoy, nada de baños: climas de altura, que. suelen ser muy malos climas y... -Y colgarse de un pino. Eso es lo que les parece actualmente á los doctores lo más sano para erveraneo. No tienes más que fijarte en las familias un poco numerosas; el papá, la mamá y los dos hijos mayoires se han zambullido en el mar años y años. I,o s chicos medianos ya no se han mojado la piel, pero tomaban aire salado y cogían Conchitas en la arena. lyos Benjamines ignoran hasta la existencia del mar, y creen que las merluzas y los besugos se pescan en e l M a n zanares. Cuestión de moda; desengáñate, yo no sé quién varía más, si el tamaño y la forma de los sombreros ó las opiniones délos médicos. No hagas, por lo tanto, caso del tuyo, y venios á Fuenterrabía. Donde caben catorce, caben diez y seis en doce camas. -Te repito que con gusto os visitaríamos; pero con los dolorcillos reumáticos que ha padecido Andrés este invierno, cualquiera le habla de sitios húmedos. ¡Pero si en Fuenterrabía no s e siente la humedad! Como no llames humedad á que haya mar, río y algunos días lluviosos; pero eso no perjudica, ni mucho menos, á la salud. Ahí tienes á las de LópezSánchez que van todos lósanos; cada vez. parecen más jóvenes, y si les hablas df; lo bien nutriditas que EN EL GABINETE DE LA SEÑORA e modo que os marcháis mañana. -Sí, mañana decididamente, y no hemos qui- jrido hacerlo sin decirte adiós. -Mucho os lo agradezco. ¿A Fuenterrabía por fin? -vSí, decididamente á Fuenterrabía. Tomamos el D hotel de que te hablé, y creo que hemos de encontrarnos bastaijte cómodos. Tiene doce camas y somos catorce. I a cocinera y la doncella dormirán juntas. Todavía os falta otra cama. -Pero eso se arregla, como tú comprendes, sobre el terreno. Nos han hablado muy bien del hotel; es uno de los más espaciosos, y desde luego frente al mar. Por los balcones ves toda la costa francesa, y de noche las luces del faro de Marsella. -No, mamá, de Burdeos. -Bueno, de Burdeos ó de Marsella, qué más da. ¿Dejará de ser un faro francés? L, uego que estar en Fuenterrabía es como estar en todas partes. A un paso de San Sebastián, á otro de Biarritz. Pasas el Bidasoa y ya estás en Hendaya, y á la vuelta pasas en lancha, y además pasas el contrabando, porque ¿quién vuelve de Francia sin traerse escondido algún caprichito? Hasta los carabineros encuentran eso muy natural. ¡Cómo os envidio; con gusto os acompañaría! -Pues. vente, mujer. Mira, todo es que arreglemos Je otro modo lo de ías camas sobre el terreno. I. uego, tu marido y tú no sois más que una. Quiero decir uua cama. -No, si es que el médico nos tiene prohibido el mar. ¡Bah! ¿Quién hace caso de los médicos? Ahora la han tomado con el Mediterráneo. -Con el Cantábrico, mamá. -Bueno, hija, con el que sea. Antes, si te dolía un dedo, ya te estaba diciendo el médico: No deje usted de tomar baños de mar este verano. Después mandaban á la gente que fuera á la playa, pero no á bañarse, sino á respirar aire marítimo. Ahora hasta prohiben el aire, y todo el mundo ha de veranear tierra adentro y en sitios altos como si fuese ropa tendida. Y yo digo: ¿Tienen razón ó no tienen razón? S i tienen razón, los que mandaban antaño ponerse en remojo á sus clientes les mataban por la vía húmeda, y si no tienen razón, los de hoy hacen lo mismo por la- víaseca. De modo, mujer, que 16 mejor es tomar cada uno la vía que le dé la gana sin, preguntarle hada al lüédicó.