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-J í tl W fli g i EN LOS GÁRMENES DEL BARRO A Alhambra enfrente, la ciudad á los pies, el carmen granadino se abandona al crepúsculo. Y en la hora divina del misterio, cuando la Naturaleza, cansada, se entrega á la noctie dulcemente, sus paratas floridas, escalones de la gloria, su cintura de enredaderas y macetas, sus bosquecillos donde los alelíes palidecen, sus fuentes que murmuran canciones de plata, adquieten una vida extraña, vaga, pero aleteadora, que parece palpitar en los perfumes de sus verjeles y agitarse en los pétalos de sus rosas y celindas. ¿No habéis gustado nunca ese momento augusto, edénico, en que el recuerdo se enseñorea del espíritu, y el ser todo une su vibración al supremo latido de las cosas? Allá, en la Grauaüa morisca, podéis vivir esta sensación inefable. Los cármenes os aguardan susurrando misterios. Y no os ofrecen sus amaneceres rientes, perfumados, llenos de luz, ni sus días germinales en que el amor eclata su capullo, sino qne os brindan sus crepúsculos, velados con el cendal de una luz fugitiva, ternblorosos en la flor, mudos en el pájaro, acariciadores en el aire, murmurantes en el arrpyuelo, henchidos de besos en la reja. E s la hora. en que la mujer granadina abre su ventana, cárcel del amor que palpita dentro. El minuto augusto que aguarda la Alhambra para tender sobre los cármenes el mantO: regio de su poesía. ¡Amar frente al alcázar nazarita, lejos de la ciudad bulliciosa, em. briagándose con elperfume de las flores que la mujer querida prendió al cabello! ¡ílmar en el carmen, ese jardín alado, con la ciudad á los pies, junto al río de auríferas arenas, recibiendo el hálito de mil huertos, en la brisa perfumada y voluptuosa! ¡Confundir á la mujer, á la flor y á la fuente en un solo ideal y un mismo deseo! ¡Poseer la vida plena, adueñándose de ella con una caricia! I OS que, peregrinos de anhelos imprecisos y angustiantes, soñéis con la emoción pura concretada en un pasmo, amantes que no viven su sueño entrevisto, buscadores dolorosos de algo por siempre fugitivo, ir á Granada abismad vuestras inquietudes en un carmen del Albaicín, y aguardar á que, reina del crepúsculo, el alma de las cosas penetre en la vuestra con un cariño... FABIÁN VIDAL. DIBUIO OE HUERTAff L i