Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Reposados y tranquilos los buenos burgueses parisinos acudieron á la fiesta de las flores en eljaráín de las Tulierías, empujados por el reclamo de Le Journal. Porque en París para montar un espectáculo cualquiera hace falta la colaboración de un periódico que durante quince días se ocupe en trabajar el asunto. Un periódico, un solo periódico de importancia basta para asegurar el éxito de una empresa. Si un cronista, como Henri Rochefort, tiene loo.ooo lectores en París que siguen su firma á través de la Prensa, no es extraño que un rotativo pueda disponer de 500.000 aliñas, sobre todo cuando se las invita á pasar algunas horas alegres. Le Journal sxro ó estos centenares de miles de almas en el jardín de las TuUerías para presenciar la anunciada fiesta de las flores, que, si no fué ninguna cosa del otro jueves, ofreció, por lo menos, el interés de congregar un montón de mujeres adorables y varias toneladas de rosas y claveles. Flores y mujeres. ¿Qué mejor adorno para una fiesta? Y mientras las flores lucían sus delicados tonos, las mujeres exhibían las toilettes veraniegas, pretextos para mal cubrir sus cuerpos. El calor sofocante que nos achicharra es, sin embargo, una disculpa que justifica el abuso de los anchos entredoses de las blusas, por cuyos huecos parece querer escaparse la carne aprisionada. Nunca como el día de esta fiesta mereció su nombre de jardín el espléndido jardín de las TuUerías, pues sólo flores había en él; flores en los monumentales jarrones, flores en los bordes del estanque, coronadas de flores las estatuas, bouquets de flores por todas partes, en las solapas de los hombres y en las mejillas de las mujeres. Y los tranquilos y reposados burgueses gozaron apacibles del encantador espectáculo que les ofreció Le Journal, y la recaudación se elevó á una respetable suma de miles de francos. Al. atardecer, las flores estaban ya marchitas, pero ias lindas parisinas reían alegres y abandonaban el jardín, llevándose con ellas todo el perfume que las rosas espléndidas y los claveles generosos habían derrochTdo. jT OS F I E S T A S Pero mientras el burgués disfrutaba pacíficamente en las TuUerías, la juventud bulliciosa de Montmartre y las risueñas alondras del Barrio Latino marcháronse á pasar el día en Enghien. ¿Qué había en Enghien? ¿Qué atractivos ofrecía el viaje á la deliciosa villa? ¿Por qué trenes y tranvías salían abarrotados de gentes alocadas y turbulentas? ¡Ah! Es que nos habían prometido otra fiestaj quizá menos elegante, seguramente más poética, y el alegre estudiante y la reidora midinette tienen de par en par abierto el pecho á la poesía... Sí... En Enghien celebrábase fiesta mayor... La coronación de la Musa por obreritas y estudiantes, artistas y literatos que confían en el porvenir; modistillas incorregibles, que se consuelan en los brazos de un pintor de la tardanza de un príncipe ruso... La coronación de la Musa nos llevó á Enghien dispuestos á gozar de este espectáculo, que sólo en un país civilizado por veinte siglos de literatura puede celebrarse al aire libre y en presencia de una multitud que sabe entusiasmarse con una melodía sentimental y gustar la belleza de un verso bien medido. Y á esto quedó reducida la hermosa fiesta de Enghien, á un alegre desfile d é l a juventud que llena los quintos pisos de París, soñando con la gloria y esperando con firme confianza la riqueza. Mientras ambas llegan, corona á la Musa sacrificando en sus altares el entusiasmo de sus anhelos juveniles y cantando entre risas y suspiros, al compás de la batuta de Charpentier, la ruidosa canción que comienza á gritos; íiOhe ¡Ohe ...ti Sí, amigos míoSj coronemos á la Musa cubriendo de flores su delicada cabecita rubia, llenando de besos sus manos pequeñitas y prosternándouos ante sus pies sonrosados. Y bendigamos este pueblo donde la poesía es sentida por igual y conmueve á jóvenes y viejos, altos y bajos, grandes y chicos... La fiesta, la hermosa fiesta de la coronación ha terminado... Cójamenos de las manos y comencemos de nuevo la canción: í ¡Ohe ¡Ohe jotÉ JUAN C A D E N A S 4 k;