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REVISTA ANO X V U l I LUSTRADA N Ú M 895 MADRID. 27 DE J U N I O DE 1908 J -t i FILTRO p o r la carretera, buscando la sombra de los blan quecinos álamos, iba la muchacha, llevando en equilibrio sobre la cabeza un cántaro vacío. Destacando en la, falda color de rosa, caíanle los picos de un rojo pañuelo, rameado en blaiico, que anudaba á su talle; otro de seda azul cubríale la cabeza, y avanzado sobre la frente, á modo de visera, resguardaba sus ojos de los cegadores rayos del sol. Dejando tras sí nubes de polvo, que al andar iba levantando el burro sobre el que venía sentado. á mujeriegas, por el centro del camino avanzaba un chiquillo, que pronto se emparejó con la muchacha. ¡Adiós, Rocío! -dijo saludándola. ¿Aónde vas con esta calina? ¡Hola, Pascua! A la fuente de la ermita voy, por agua pa los trabajaores del cortijo de la Romanera. U. DE AMOR -Allá voy yo también. Si mi burro llevara aparejo te montabas; pero así, puees caerte. -Gracias, hombre; yo me voy por aquí, trocha arriba, que hace inás sombra. E n t o n c e s adiós. Y arreando el borrico, siguió el chiquillo carretera adelante, en la que de nuevo flotó su polvorosa estela. Da muchacha, torciendo á la derecha, tomó un sendero, bordeado de zarzas y nopales, que encaminaba hacia la ermita, á cuya espalda, én una hondura sombreada de. castaños y robles, brotaba una fuente. Descendía á ella por tosca escalinata socavada en la roca, y, colocando el cántaro bajo él chorro cristalino, sentándose en una piedra, esperó á que, se llenase. Un silencio plácido reinalDa en aquel lugar, silencio turbado sólo por el ruido monótono del agua, que