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el tranvía á sus amigos para ents. blar con ellos los diálogos de rigor. ¿Adonde van ustedes este veranoP preguntan los unos, dando por supuesto en la pregunta el viaje de los otros. -Pues á Deva, como sierapre- -contestan los interpelados. -Hemos alquilado la misma- villa! de todos los años... ¿Y ustedes, dónde piensan pasar los calores? -Nosotros en Villalba. Papá no puede alejarse de Madrid. ¡Claro que no puede alejarse... ¡Ni ellas tampoco... Cuando el diálogo se cruza entre unos que se van y otros qtíe se quedan, Á los que se van no es muy lejos, los que se quedan les dicen siempre: -ya iremos por allí á sorprenderles y á pasar un día en su compañía. Y lo malo es que van y pasan el día, y... molestan lo suyoOtro goce precursor del veraneo, estriba en hacer las compras necesarias. El hombre, que en esto de la indumentaria es más tonto y presumido que la mujer, se dedica á preparar importancia á dejar la casa en orden y muy limpia, pues luego ha de subir cada ocho días la portera á dar un vistazo y ¡qué diría si lo viera todo manga por hombro! Este preparativo ocupa mucho tiempo á las niñas de la casa y también á la mamá, que juzga que un viaje á Collado Mediano es un viaje á América. Terminado este quehacer y recibidos los últimos envíos de la modista, toca á las mujeres hacer el equipaje, preparar la merienda y vestir á los niños. ÍJn esto postrer preparativo existe un a r t e m u y delicado. Al niño pequeño es preciso vestirle de modo que no represente los años que tiene, sino menos de tres. Esta piecaución en viajes largos produce tina gran economía, pues los niños menores de tres años no pagan billete. Ahora bien; hay ciertas familias que exageran esta nota y visten de niños á verdaderos zanguangos. Yo fui en el tren en cierta ocasión con un nene de éstos. Esperó el angelito, en brazos de la chacha, á que pasara el revisor; y una vez que hubo desaparecido suBfa 7 ílasías veraniegas. Se hace sus trajes de alpaca, sus pantalones de franela, y hasta su smokin. Se compra alpargatas, zapatos de playa y jipis de los bien imitados. Adquiere una gorra ó casquete para el viaje y elige ocho ó diez chalinas, sin perjuicio de decir luego que una de las ventajas del campo es que en él se puede ir hasta sin corbata A cambio de estas ventajas, tiene el señor otros inconvenientes, en cuanto á los preparativos del veraneo se refiere. A su cargo corre liquidar las cuentas pendientes, comprar la Guía y volverse loco consultándola; encargar en la Central el coche ci domicilio; tratar con los mozos; tomar los billetes y poner en mevimiento á toda la familia. Las mujeres cumplen, entre tanto, misión bien distinta. Días antes de la partida, limpian el hogar, descuelgan las cortinas y enfundan los muebles susceptifeles de avería. Cerca de algunos de ellos colocan barreños llenos de agua para que la evaporación, Manteniendo la humedad del ambiente, evite c (ue las Maderas crujan y se abraa. Eas señoras dan mucha I hombre del taladro, se sentó junco á ana ventanilla, acó un pitillo y se puso á fumar tranquilamente. ¡Pequeñas miserias de los que se 7 an- Árí poder irsel Que son casi todos los que se van. Millonarios aparte. Lu D TAPIA E r, m ü. ios aE SANCHX