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I A época del veraneo se aproxima. Y apenas llega esta época, los madrileños se dividen en dos castas principales: la de los que se van y la de los que se quedan. Esta odiosa división de castas (odiosa para los de la segunda) no es sino una nueva forma de la eterna división de los mortales en ricos y pobres. Porque todo el secreto de los viajes veraniegos está en la bolsa. Eso de que las familias viajan por higiene, por buscar la salud, por hallar descauso, etcétera, etc. son cuentos del Celeste Imperio. Las gentes veranean porque tienen dinero ó porque lo buscan si no lo tienen. Hasta ahora no se sabe de ningún balneario gratuito, ni de ningún hotel sin factura adjunta, ni de ninguna empresa ferroviaria que transporte per amore á los individuos que necesitan reponer lejos de la corte las fatigas invernales. Pasar fuera de Madrid tres meses supone unos miles de pesetas en cartera. Y porque supone eso es por lo que se dan tanto pisto los que piensan marcharse. Los que se gttedan sufren estos días cierto molesto pudor ante los que se van. Las mujeres, más asequibles á estos tiquismiquis de la vanidad, son las que ahondan las diferencias entre los que salen y los que no salen. Insolentes se ponen con sus compras, con sus preparativos y con su contárselo á todo el mundo, las señoras que tienen asegurada esta periódica emigración. En cambio, las infelices que se quedan tienen que inventar mil disculpas á s u conducta, atribuyendo á diversos motivos (y nunca a l a escasez de recursos) su permanencia en Madrid. Este año, sin embargo, están de enhorabuena las desdichadas familias que ocultan su miseria tras los más fantásticos pretextos. La decisión que ha tomado el Gobierno de no cerrar el Parlamento en todo el verano ha caído como agua DÉ J U N I O sobre los orgullosos. Las pobres chicas de Antúnez poseen ya la contestación para los que sobre este punto del veraneo las interroguen: -Como papá ticite Corles, río podremos salir hasta sabe Maura etLándo. De este modo dan á entender que su papá es diputado, que no saldrán de Recoletos y que este sacrificio las contraría hasta el punto de hacer un chistecito contra D. Antonio. ¡Pobres muchachas! Cada diputado va este año á tener una tan numerosa como desconocida familia. Todas las damas sm posibles vs. n á emparentar de golpe con los padres de la patria, y nunca con mayor razón se los va á poder llamar padres... de todo el mundo. Lo. triste será que el Gobierno, volviendo de sü acuerdo, licencie sus huestes y conceda vacaciones. ¡Sería horrible! Pero dejando estas disquisiciones parlamentarias, lo cierto es que el veraneo es cuestión de ochavos. Asilo entienden los matrimonios con familia al celebrar una previa conferencia, en la que se discuten los presupuestos veraniegos. La esposa se presenta ante el marido, dispuesta á tratar del asunto y dispuesta á salirse con la suya. -Es preciso que salgamos- -dice entre cariñosa y resuelta. -Manolito se ha quedado hecho un fideo después de los exámenes. Conchita necesita aire puro. Yo echo de menos mis baños. Y á ti te conviene descansar... La contestación del que necesita descansar suele ser evasiva; pero ¡cualquiera escapa al ataque! Como último recurso, el marido invoca la situación económica del matrimonio. -Vamos á cuentas- -contesta la señora. Y, efectivamente, van á cuentas, y resulta que no es posible el veraneo ó, por lo menos, que es difícil de efectuar. Cual consecuencia de este resultado, la mujer decide siempre que... el viaje se verifique. Y así queda acordado. Es preciso espe- ar á que el marido cobre alguna minuta, haga determinada jugada de Bolsa ó dé cierto sablapjc; pero una vez conseguido el ingreso, los preparativos de marcha comienzan. ¡Qué días tan agradables los que en Madrid se pasan cuando ya. se tiene la seguridad de abandonarle pronto! Los que se- jan gozan encontrando en la calle ó en