Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
fea M 1 i í ivOs cJL 15.o: K; XvE: 3 T T E aquí una manifestación sincera y expresiva del espíritu de nuestra época. La industria, que todo lo K- avasalla, ha penetrado también en el santuario del arte, obligando á sus sacerdotes á cantarla y á JL JL enaltecerla. Los artistas, deseosos de dorar un poco la prosa de la vida, echan el manto de la fantasía sobre los productos industriales. Y unos espléndidos jirones de ensueño decoran y coronan las más prosaicas substancias alimenticias, los más variados útiles, los inventos más estupendos dedicados á satisfacer las humanas exigencias. El cartel substituye en las esquinas á la voz del pregonero, al anticuado grito del comerciante, al deleznable prospecto en prosa comercial ó en verso nacido á espaldas del Parnaso. Dicho se está, por lo tanto, que el cartel ha de ser ante todo llamativo, sugestivo y atrayente; condiciones impuestas por la musa industrial que aletea sobre el cajón de los cuartos. Por fortuna, los verdaderos artistas cuidan de sus fueros, y avasallan á su vez á los espíritus terrenales que los utilizan en sus empresas. El industrial, sin comprenderla broma, presenta satisfecho la obra de arte; y el respetable público se recrea al contemplarla y no compra el producto que le anuncia... Hay Exposiciones de carteles que dan envidia á las de Bellas Artes. Sobre todo, si se comparan las de climas diferentes. ¡Pero era de temer! En cuanto los carteles han llegado á su florecimiento, la Higiene se ha servido de ellos para anunciar el castigo de quien la olvida y el premio alcanzado por sus amantes fieles. Aquí el artista suele ser un ingenuo, más atento á ceñirse á la realidad probable que á los delirios de la fantasía, conforme á los mandatos de la saludable y regañona musa que le inspira. ¿No habéis visto los carteles donde se anuncian los estragos de la viruela, de la caries dentaria, de las fiebres palúdicas, de la tuberculosis, etc. etc. En ellos se presentan de modo excesivamente gráfico el anverso y reverso de la medalla: á ún lado, las condiciones qua hay que acatar para librarse de tan crueles enfermedades, y la figura sana y robusta del hombre que las cumple; al otro, los peligros que no se evitan y el retrato lastimoso de quien tuvo empeño en no evitarlos... L, a gente los contempla con curiosidad primero, con espanto después, y huye inmediatamente de su presencia esquivando tan fatídico aviso y tan ingratas visiones... No he de regatear el aplauso que se merecen tales campañas humanitarias; pero ¿dan, efectivamente, el resultado que se persigue... Me temo que no. El hombre es un ser impresionable; pero así y todo, y por fortuna suya, no son en él muy duraderas las impresiones. ¡Siempre procura razonar buscando las razones que le tranquilicen y le convenzan! Y asi como ante los anuncios industriales sabe apartar de la realidad la fantasía del artista, también a. nte los anuncios higiénicos piensa que se excedió el pintor para asustarle, como el padre ahueca la voz al regañar á sus hijos... Al fin y al cabo, ya un viejo refrán nos asegura que no es pintar como querer ANTONIO PALOMERO DIBUJO DE? í r