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cía, se demora por causa del viajero la sacrosanta hora del almuerzo. Pero ven aquí y sentémonos. Instaláronse ambos ante la mesa que antes ocupaba Peiíalta, quien siguió absorbiendo con unción el wMsJeeyi and soda, muy cargado de wJnskey, que era- -según él- -soberano y único remedio para quitarle ciertos afillracamien os que solía padecer en la garganta. ¿Has visto á mi tío Paco? -preguntó Manolo. es que no paré de correr hasta Holanda, y que he pasado cerca de dos meses recorriendo tierras: Bélgica, Alemania, Suiza... -Sí, ya supimos por Santiago Ibarnés que os divertisteis en grande. -Lo que demuestra m, sincero deseo de combatir la tentación y de no dejarme dominar por el i ecuerdo de Lola. ¡Pues te ha servido el remedio! tw y -El día antes de salir de Madrid comimos juntos. -Y... ¿qué dice de mi asunto? -Está hecho una fiera. Hay que alquilar balcones para oírle hablar de ti. -Siento que lo haya tomado por lo trágico, pues no creo que tenga motivo... no es para tanto, hombre... -La verdad es qiie le has dado un chasco regular. -No he sido yo, ha sido la fatalidad. ¡Bien decidido me marché y bien resuelto á terminar un coqueteo que podía llegar á ser peligroso! Prueba de ello I V J ¿Qué quieres? Yo hice lo que pude, y te aseguro que logré desechar toda idea de coyunda; pero... -Ahí entra lo malo... ¿Qué culpa tengo yo de lo ocurrido? Una vez terminada la tournée regreso á París tan tranquilo, tan sereno, tan dueño de mí, y, ¡mira lo que son las cosas! la primera cara conocida que veo al entrar en el comedor del hotel, la de Lolita. ¡Dime que en esto no ha andado la mano del destino! ¡Pues te ha hecho una jugarreta...