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o puedes figurarte, encantadora l, aura, la preocupación profunda y el largo desasosiego que me ha produsido tu caprichoso encargo. ¿Te figuras que porque vivo en ésta w 7 í 2 r, que entre otras cosas ilumínalos figurines, he de estar al tanto del dernier cri de la moda femenina? Necesito, tienes la crueldad de decirme, que á la mayor brevedad me digas la verdadera, la legitima, la última moda de los sombreros de señora. ¿Qué voy á hacer yo, Laura de mi alma? ¿Cómo voy á declinar este honor de tu confianza, ni cómo he de tener la empedernida crueldad de negarme á facilitarte una cosa que necesilas con tanta urgencia? Manos á la obra me dije en el acto; pero luego rectifiqué y dije pies porque mi tarea más es de corretear que de otra cosa, y me eclié á la calle, y no tienes idea de lo que yo he corrido por tratar de complacerte. Fijándome con toda atención en todos los escaparates SLQ chapeatix poitr y mirando y remirando á cuantas mujeres elegantes encontraba al paso, debo confesarte que me hice un verdadero lió, porque cada sombrero que veía me ys. re. cÍ 2 L el zUtitno y el de la stteríe. CvLtíTiñ. o me desesperaba d é l a inutilidad de mi buen deseo, vi venir á Mr. Parfait... ¿Tú no conoces á Mr. Paríait? Mr. Parfait es una porción de cosas; pero sobre todo, es un íá a Apenas nos saludamos, le conté mis cuitas, que Mr. Parfait acogió con la más bondadosa de sus sonrisas, y cogiéndose de mi brazo, me dijo: -En la Kdad Media se llamaba sombrero á una corona de flores, un túrtil de pasamanería, un peinado con plumas, un prendido de orfebrería... -Perfectamente, -le interrumpí; -pero mi prima Laura no se refiere precisamente á cosas tan lejanas. -A partir del siglo xiv...