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Elena. -Sólo por ser vida es lucha, no en el sentido de riña de gallos, claro está, sino más bien en el de contraste de actividades, de energías, de intelectos, del cual ha de salir el recopocimiento expreso. ó tácito de nuestra personalidad. Lolita. -Y entonces, el amor ideal con que todas soñamos, ¿no existe? Elena. -Al llamarlo ideal, tú misma contestas á lo que preguntas. La vida no es un sueño, sino una realidad; no se debe pedir á los humanos más que aquello que está en su naturaleza, y que, por tanto, pueden dar. Debemos inspirarnos en el ejemplo de lo que nos rodea. Cuanto existe, tarde ó temprano, al cabo de horas, de años ó de siglos, envejece y se extingue. Tras del día, todo animación, calor y luz, viene la noche, toda silencio, obscuridad y reposo. ¿Cómo vas á pedir sentimientos eternos, firmezas mextinguibles ó inquebrantables resoluciones á seres tan mudables, tan poco duraderos como nosotros? No; hay que ser juiciosos y contentarse con un prudente término medio. Lolita. -yi dan frío tus filosofías. Elena. ¿Por qué? Mírame y te convencerás de que con ellas se vive muy á gusto. Aprecio todas las iDellezas, todos los matices, pero no soy tan loca que le pida á un clavel, porque me gustó su color, que no se seque nunca, ni á una perla que descomponga la luz igual que un diamante. Loliia. (Después de una pausa. Deduzco de lo que me dices que no eres feliz, y eso me apena. Elena. -Pues mu 3 mal deducido. Me casé por mi gusto con el hombre á quien preferí entre los varios que me solicitaban. Sus prendas morales no son de inferior calidad á las del promedio de sus iguales en rango y en fortuna. Es guapo, instruido, bien educado, y, hasta ahora, me quiere. Lolita. -Entonces ¿qué más pides? Elena S xo si yo no pido nada, ni tampoco me quejo de mi suerte! Lolita. -Es que de tus reflexiones parece desprenderse cierto volcán de amargura, de desencanto... Elena. -0 amargura, no... de desencanto... según el punto de vista desde donde se mira. Si contrastas lo que realmente es con lo que tú pensaste que sería, claro está que media un abismo entre lo vivo y lo ideado (y cuenta que no he sido nunca romántica) pero no hay que echar la culpa al mundo ni á la vida, sino á la educación que nos dan. Lolita. -De todo lo cual se desprende que no debe una casarse. Ele? ia. íüo, eso no; la moraleja que hay que sacar de mis reflexiones es otra. Debe una casarse, puesto que íios consideramos desairadas sí no encontramos marido y ya que las solteronas hacen mal papel en la sociedad; pero así como es inútil pedirle al olmo que dé peras, así también es improcedente querer encontrar idealismos en un estado que se da de coscorrones con toda poesía, ó pedirle esa felicidad de ensueño que es incompatible con la realidad de la vida. H e dicho. j Lolita. ¡Valiente jarro de agua fría has echado á mis entusiasmos! Elena. -Pero, ¿estás enamorada? ¿de quién? A ver, cuéntame... Lolita. -Tanto como eso, aún no; tengo, sí, cierta inclinación á dejarme llevar por esa resbaladiza pendiente. Elena. (SlvÁ- ba. es el afortunado? Lolita. -Le conoces: Manolo Mendueño. Elena. ¡Mendueño! ¿Se decide, por fin, á entrar en vereda? Lolita. -Así parece. Elena. -Eso demuestra tus altas dotes de catequista. Loliía. T aseguro que no he puesto empeño en hacer ese milagro. Ello comenzó esta primavera, en Madrid, en casa de Mimí Navarreees. Nada, ví- a flirt vulgar, pura coincidencia de simpatías. Da cosa no habría pasado de ahí si la casualidad no nos pone frente á frente en este pueblo. Pero viéndonos á todas horas en el parque, en el casino, en las excursiones, en el teatro, el j inocente del principio va tomando caracteres agudos, y espero, de un momento á otro, que me plantee la cuestión de confianza, como dicen los políticos. Elena. S. -a wo, pero tú ¿en qué disposición te encuentras? ¿Estás interesada? Lolita. -Muy inclinada, al menos, á seguir la corriente. Manolo (fíjate en que ya le Hamo Manolo á secas, ¡malum sigmim! me es muy simpático, tanto por su físico, que no es despreciable- -ni mucho menos, -como por su carácter franco, alegre y expansivo. Verdad que no es noble ni tiene título como yo, y por ese lado mis padres pueden oponer algún reparo, pero todo el mundo le estima, le recibe y le pone buena cara, que al fin y al cabo la fortuna vale hoy más que una corona de marqués ó de barón. Por otra parte, 3 a sabes que mis padres no se opondrán nunca á que me case á mi gusto, siempre que el elegido no sea deshonrible. Elena- ¿Así que estás completamente decidida? Lolita. -No he dicho eso. Ni he tomado una resolución, ni estoy enamorada todavía. IvO que hay es que puedo estarlo si no opongo el frerío de mi voluntad; aún estoy á tiempo. Aparte de que Manolo no me ha dicho nada definitivo. Elena. -Tlso no tiene importancia. La declaración vendrá en el instante que te plazca oírla. Zo íj; -Claro que sí; pero hasta ahora no he puesto empeño en que se produzca. Elena. -Y ¿qué piensas hacer? Zí í ía; -Pues no lo sé. Estoy indecisa, vacilante. No hago más que bucear dentro de mí misma para conocer la magnitud de mi incipiente afición, j 3o r. Manolo y apreciar si es el principio del fin, quiero decir si tiene consistencia para llegar á ser carino y amor que haga necesario el casorio, ó. si, por el contrarío, se trata sólo de una simpatía amistosa, acrecida por las favorables circunstancias que nos rodean. Elena. -Me parece que el mal no es grave ni la infección muy intensa. Lolita. -Mejor; así pasará pronto sin dejar huellas. Eletta. -Por otra parte, ya sabes que los clásicos creen en el flechazo, contra el cual no hay escudo ni coraza, le coup de foudre, que dicen las francesas. Lolita. o he sentido esa impresión. Z 7 Hí 2. -Entonces... Lolita. -Puede ocurrir también- -ya ves si soy fran ca- -que esté ahora bajo el influjo de tus filosofías y que no vea claro dentro de mí. ¡Es tan difícil acertar en estas investigaciones internas! Necesitaría charlar un rato con Manolo, óirle hablar y sentir su mirada pedigüeña; sólo así podré comprobar si tus impresiones pueden más que el sentimiento- -sea cual sea- -que me ha inspirado. Elena. -Experiencia fácil de realizar. Lolita. -No, porque se marchó ayer de repente. Creo, sin embargo, que regresará pronto. Elena. -YL 2 CJ otro medio mejor para que averigües la clase y la intensidad de ese sentimiento. Z tf- ¿Cuál? Elena. -Que te vayas tú antes de que vuelva. Si la ausencia no lo desvanece, prepara el trousseau á toda prisa. Y ya ves que mi consejo no es de egoísta. Te digo que te marches cuando acabo de llegar; ¡con tantas ganas que tenía de verte! Lolita. Bs que comprendes que la situación es grave; tienes razón, esa es la mejor prueba. Convenceré á mamá de que debemos volver á San Sebastián cuanto antes. Elena. -Y tu padre ¿querrá... Lolita. -Papá no hace más que lo que yo quiero. Además, aquí se aburre de muerte. Elena. -Pues manos á la obra. Y Dios quiera que eso no sea nada. Lolita. -Amén. Eevántanse las dos amigas, se besan, y Elena acompaña á Eolita hasta la puerta. G. ANTHOr D 1 BUJ 9 DH flí; i EZ BniNGA