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BICHEJOS PRIMAVERALES lia dicho que el mundo es- an mis... iiiundo es un misterio, en verdad, y 11) L misterioso si lo consideramos en 11 1 u n i 1 totalidad, sino también cuando lo 11 ili talles y en sus más livianos porl U l i l 1 I templar los astros que ruedan pot 1.1 1 1 1 i 11.i ras frentes, la razón se uos turba, Mil e encoge poseída de una religiosa I i i 11 al dirigir nuestra vista hacia esos 11 I 1 l i i u r 11 11 II ios que bullen junto á nuestros 1 I I I lichejo, una ílor, una hormiga, y 1 da maravillosa, ¿no se llena tamI sin 1 la de un gran asombro y de un reI i U 11 4 II I 1 1) 1- 1 1 (11 t iisignificantes animalitos cómo se u iii iu lid rl de la Naturaleza, con qué minu- S 1- ib ili 11.1 obedecen á ciertas ocultas leyes, y ui I lili.11 111 1 misión de vida; miradlos á v u e s i 1- u i 1 Irándose sobre la tierra ó revolo 1 III I In l. M arbustos; ¿qué diferencia preede! i li i i. iri 1 1 astro descomunal, que traza mate 1 ti i.i. II II órbita en torno del sol, y esta hori ii i. I I icido puntualmente, que se mueve con el más exacto de II lya vida es tan matemática y obediente como el trazado lll u- V ideral? La diferencia no es más que de dimensiones ó de lili I o l b l l 1 1 1 i 1 I 1 1 el astro como la hormiga son puntos que cumplen dentro i i igmática misión que les fué trazada por una voluntad no lili 1,1. jos, y qué encantadoraraente bullen y andan y vuelan... I n algunos, y otros qué sagaces son! Todos tienen apelatiI 1 II 1 1. lieos, inextricables; se les llama en los librotes de las bi, i t 1 I M ortópteros, á- o ítos neurópteros. Pero yo prefiero olvidar tales nomores leos, en gracia á su lindeza y sagacidad. Hay unos, sobre todo, q u e m e atraen sobremanera. Son menuditos, del tamaño de un guisante; van cubiertos por un caparazón rígido, color encarnado con motitas negras; y como el bichito es tan redondo, tan brillante, tan armonioso de color, cuando se coloca encima de una gran hoja verde produce el mismo efecto que una joya. Hay una clase de mariposas que pudiera también incluirse en la categoría de las joyas. ¡Nada inventará el hombre que se parezca á una de s fiestas volantes de color! En aquellas alas ¿de qué modo han podicombinarse tales matices y tal variedad de dibujos... Y lo asombrosa es que la mariposa adopta ai volar un aire femenino, indolente, sensual; existe en su vuelo, cansado y perezoso, la misma incitante sensualidad, el mismo ritmo que el lánguido vaivén de las caderas de una mujer oriental cuando camina. Luego están las hormigas, que corren, que corren como si les fuera á faltar el tiempo, como unos muchachos que llegasen tarde al taller, como mozuelas que portearan agua para un incendio. También están las avispas, que pasan zumbando, y que cuando las da el sol d e pleno, semejan puntos de oro que vuelan. Los moscardones, que roncan y roncan como agoreros que se empeñaran en presagiarle á uno quién sabe qué cantidad de sucesos tremendos. Los grillos... Estos bohemios de la montaña, estos cantores de la soledad son mis más íntimos camaradas. Su canto unísono no dice nada jcri, cri, cri! -y, sin embargo, lo dice todo. E n su canto I está fundido todo el ensueño, el monótono, el unísono, el largo y profundo ensueño de la montaña. J. M. SALAVERRIA MBUJO DE REGIDO I 11 Mi ii ii. t ica. r- i ip-