Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
I lí- J ¡é liAZ I P l o y doña Celsa han terminado de coI 1 Constituyen una espléndida pareja ma 3 LJf trimonial, satisfecha y oronda, que sin alcann zar descendencia, va dejando transcurrir la (vida en una dulce placidez, que suele verse yl interrumpida tan sólo por alguna indigestión, ó por el hecho, siempre molesto, de substituir la doméstica que durante varios años les ha servido, por otra que tarda un análogo lapso de tiempo en abandonarles, produciendo en la casa idéntico trastorno. Viven con desahogo, pero sin lujo; tienen lo preciso y un poquito más, que emplean en divertirse honestamente de vez en cuando. Con pausa patriarcal, don Abdón ha doblado la servilleta, sujetándola por medio de la argentada anilla con sus cifras, uno de los regalos de boda recibidos allá treinta años antes. Después de bien acoplado el servilletero, requiere el periódico, que á prevención ha dejado la fámula en uno de los ángulos de la mesa, y comienza á leer, entre cabezada y cabezada, mientras dona Celsa hace crochet. Doña Celsa. -Oye, Abdón... Don Abdón. ¿Qué quieres, hijita? Doña Celsa. -i que no sabes en qué estoy pensando? -T if Don Abdón. -No se me alcanza... Como no sea en esa labor que tienes entre manos... Do la Cf fa: -Quita allá, hombre... ¡Valiente cosa Es un deseo que tengo desde el año pasado... Dojí Abdón. ¿Un deseo? Veamos. Dojía Celsa. -M vas á llamar caprichosa y despilfarradora, como si lo viera... Don Abdó? i. ¡Mujer, por Dios! ¿Cuándo te llamo vo nada de eso? Doña Celsa. i, sí, porque tú eres así; no das importancia á mis cualidades, y eu cambio exageras mis defectillos... Don Abdón. ¡Fero Celsa, por la Virgen! Si yo no BIEN hago más que decir amen á todo lo que dispones... Doña Celsa. -Fem lo haces á regañadientes... E n fm, que no lo digo. Don Abdón. (Haciendo cariñitos á su consorte para que desembuche. Vamos, no me seas boba, dínielo á mí... Doña Celsa. (Con mimosa azmoñeria. Oue no que no... y JÍ Don Abdón. -k- náa, nena; concedido lo que sea Dopa Celsa. -PM S verás... Después de todo, la cosa no tiene importancia... ¡Me agradaría tanto que hiciéramos una excursión á Aranjuez! Ir y volver en el mismo día; total, cinco ó seis duros de vasto lOué hermoso estará aquello! Aquel jardín de la IsTa. aquella Casita del Labrador... ¿Te acuerdas? En Aranjuez pasamos los ocho primeros días de casados Don Abaon. -iVaya. si me acuerdo! J e ie ATo estabas tu tan gordinflona como ahora. Doña Celsa. Ñi tú tan calvo y tan patoso Don ¿í rá. ¡Cuánto tiempo ha pasado! Casi una Doña Celsa. -For eso me gustaría ir... Nos sentiríamos rejuvenecidos. ¿Querrás que vayamos, verdad, vejete mío? Don Abdón- -Que sí, hijita, que sí; cuando tú quieras Dona Celsa. -El domingo... ¿te parece? esSrái esde luego. ¡Y poco hermoso que Doña O ía. -Comeremos espárragos. Don Abdón. Y fresa. Doña Celsa. -Vn gran día... Pasaremos un gran día i ausa. Vuelven á sus anteriores tareas: doña Celsa mueve el ganchillo velozmente. Don Abdón hace señales afirmativas con la cabeza á impulsos del sueno. Una vez se le cae de las manos el periódico, lo cual produce en su esposa un acceso de hilaridad que, hiriéndole el amor propio, le hace en lo sucesivo mantenerse firme sin dejarse avasallar por los halao- os ue Morreo.