Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
KEVISTA LUSTHADAF ANO x v m MADRID, 6 DE JUNIO DE igoS NÚM. 892 j ti- 0 v! S 1 -i I LOS LAURELES CUENTO l N tanto que I Ucano tomaba el baño, expresábase lentamente, midiendo sus palabras y cerrando los ojos como para desarrollar mejor sus pensamientos. Una serie de reflexiones, de consejos, sazonadas ambas cosas con máximas y brillantes conceptos, íbanse escapando de sus labios con la seguridad del hombre que sabe lo que se dice. I, e escuchaba en silencio, y á veces mi imaginación se apartaba de sus discursos volando en alas de mi fantasía; entonces todas las hermosas digresiones de Lunano no me producían otro efecto que el que E pudiera experimentar al percibir el monótono rumor del agua cayendo pulverizada sobre wna taza de mármol. No obstante, comprendí que el poeta intentaba hacerme ver en medio de mi profunda ceguedad. Según él, yo era muy joven y uo sabía del mundo. Estaba lamentablemente equivocado en mis ideas, y me lo aseguraba un artista que para llegar á, la cumbre había luchado con obstáculos infinitos. Él había llegado por un extraño azar; además, Séneca le prestó su apoyo, y es sabido que, aunque ahora nadie atendía al anciano filósofo, hubo una época en que tuvo