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p l actual curso académico toca á su fin. Y no es lo malo que se acabe el curso. 1,0 malo es que cuando el curso acaba, los exámenes empiezan. Esto es lo verdaderamente terrible para casi todos los estudiantes. Y digo para casi todos, porque hay algunos frescos que no temen ni tiemblan ante esta dolorosa prueba final. Yo tuve un compañero de estudios que siempre que llegaba esta época del año decía con cierta gracia: -A mí no me da miedo el examen... A mí lo qué me asusta es la calificación. Y no andaba errado mi camarada. Si no fuese por el peligro del suspenso, el acto del examen sería uno de los más entretenidos de la vida escolar. I O que sucede es que los padres tienen mucha prisa porque el niño haga carrera, y les sabe bastante mal que la criaturita pierda el curso. De aquí el temor que se apodera de los muchachos no bien brotan en el Retiro las primeras lilas. Porque los exámenes vienen siempre aparejados con la primavera, estación la menos á propósito para el estudio, ya que cual ninguna otra invita á la pereza. Esta coincidencia de los exámenes on I0.3 calore? es una verdadera desdicha. Si los exámenes fuesen en Diciembre, todos los alumnos saldrían aprobados. ¡Hay que ver lo que estudian los chicos en invierno... ¡Así llegan de bien preparados al mes, de Mayo! Ironías aparte, lo cierto es que en vísperas de examen pocos son los que no hacen un supremo esfuerzo. Lo primero que hace un estudiante al darse cuenta de que ya están encima los exámenes es dedicarse á la contabilidad. -Faltan veinte días- -se dice á si mismo. -ül programa de la asignatura tiene setenta i- lecciones. Estudiándome cuatro diarias, al pelo- Aún me quedan dos días para repasar. Tengo tiempo de sobra. El primer día, mal que bien, caen las cuatro. Al segundo, un compromiso cualquiera hace imposible el estudio. Ni el tercero ni el cuarto se aprovechan las horas como es debido, y al décimo es preciso echar nuevas cuentas. ¡Caramba! ¡Cómo pasa el tiempo! Faltan diez días para que me llamen, y no he pasado de la doce. Eoque voy á hacer es estudiarme bien las veinte primeras y las demás me las llevo leídas. Esto de leídas es un pudoroso recurso, muy empleado con las lecciones difíciles y con las últimas del programa Leídas es sinónimo de no sabidas. Se leen para no quedarse callado en el examen y poder dar unaidea de ellas; pero llegado el momento... ii una palabrita siquiera. Otro recurso para estirar el tiempo dé la preparación, es quedarse para la segunda vuelta. Todos loadlas va el alumno, amenazado de examen, á la Universidad. Por regk general le sorprende ver en la. tablilla de anuncios que le llaman para el día siguiente. Entonces surge la idea de esperar al segundo llamamiento, y el interesado se vuelve á casa, creyendoque con ese ardid le queda tiempo para estudiarsetoda una enciclopedia. Otras martingalas existen en la guía del perfectopreparando. Una de ellas consiste en reunirse dos compañeros para estudiar juntos. Estas sociedadesen comandita se toman con gran calor al principio. Además sirven para conseguir permisos domésticosy salir de casa á todas horas. -Tengo que ir á estudiar con F ulanito... Esta nocheno vendré adormir, porque me quedo en casa de F u l a n i t o etcétera, etc. Al principio suele a p r o v e charse el tiempo en estos maridajes escolar e s pero después, el cigarrillo, la conversación, y qxién sabe si la vecinita de enfrente, dan al traste con los mejores propósitos. Otros estudiantes, por el contrario, prefieren la s o l e dad para su, trabajo. Enciérranse en su cuarto, yallí, únicameiite acompañados de la cafetera y de os apuntes, se pasan los días en turbio y las noches en claro. Tamlaién entre los solitarios existe el tipo que va todas las mañanas. al Retiro, se sienta en un banco, saca los libros y empieza á... timarse con la primera soda que se presenta. Hay, pues, estudiantes que buscan compañía para sus estudios; los hay que buscan la soledad, y los hay, por fin, que buscan recomendaciones, Estos últimos son los más vivos. Pero también suelen pasar sus malos ratos.