Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ella; yo, como cosas de jóvenes, la llevaba á su aire y más. Traje en el coche una pareja como ustedes y me des 3 Ídieron en la pradera, y al volver descargado á Madrid, la jaca tuvo un espanto, tal como donde está tocando aquel ciego la guitarra, y yo, que iba distraído, no la recogí á tiempo. Totalmente, que se me metió desbocada entre el gentío, que escapaba chillando, y de pronto volcó el coche y yo salí por encima aquel del vuelco y la conversación, nos gustamos á los dos años me casé y tuvimos la fiesta de la boda aquí. ¿zz. ¿No faltaría la ensalada? Eí cochero. -Bviho de todo, señorita; ¡y eso que el crío nos dio una tarde! Enrique. ¿Cómo el crío? i í- of iírí ¡Caballo! Ya ve usted... ¡Cabalio! Pues de la jaca á caer en una ensalada, la c dando una familia, aunque j a todos de pie dando gritos. En aquel puní cabeza, y no sé más sino que mí en sí á fuerza de vinagre. Enrique. ¿Más todavía? El cochero. -Sii, señor. Y cuando est me auxiliaron con mucha caridad, reconociéndome por si tenía algo roto, y viendo que no, la que es hoy mi parienta me dio un vaso de vino, pura gloria, y me limpió, ella misma la ensalada. Entonces supe que no tenía novio; nó, eso lo supe después. Entonces supe que su padre era casquero en la calle de la Arganzuela y su hermano solador y ella andaba de aprendiza de modistería. Totalmente, que con el había nacido con tres dientes; pero el cuarto lo echó aquí y nos reventó la boda. Pero todo lo demás estuvo de lo mejor. ¡Conque aprecie usted si yo conoceré la pradera! Enrique. a. lo creo; ni el mismo San Isidro! Elci: ie. ro. s x están los Romanones y uo dejan pasar.