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francos, y yo lo soy... -No es verdad lo que digo? ¿Peio por qué calláis... ¿A vosotros no os indigna to... -Nosotros hemos venido aquí á tomarlo toJo en broma. Esas profundidades son buenas para la aita crítica. Nuestra misión es liacer uuos cuantos cliistes, y á casita. Críticos de arte tenemos en este país muchos y buenos. Es quizá de lo que mejor estamos. Ellos hablarán autorizadamente de todo, y si iior acaso no les entendemos cuando hablen, culpa será de nuestra inferioridad... Y ahora déjanos en paz con tus lamentaciones y no nos quites la alegría necesaria para el comentario... El amigo desapareció mohíno, y nosotros nos dedicamos á ver la Exposición, que está por cierto muj bien dispuesta en cuanto á luz, decorado y colocación de las obras. Para mayor claridad trataremos primero del Palacio de ladrillo, y después entraremos, si no hace mucho calor, en el Palacio de cristal. PALACIO DE LADRILLO. SECCIÓN DE PINTURA Para que el público pueda entendemos y entenderse, aunque haya adquirido el Catálogo Oficial (que es lo que más confunde en estas visitas) vamos á clasificar las salas de este palacio en dos series. El Jurado ha distribuido loí pintores por su mérito, y ha colocado en las salas de la izquierda á los menos malos. Ha seguido, por tanto, el sistema de Mosquera, y ese es el que vamos á seguir nosotros. Habrá, pues, salas de la serie A i as, de la izquierda entrando) y salas de la serie B (las de la derecha) Dentro de estas series, y á partir siempre de la puerta de entrada, hallarán los visitantes tres salas principales, á las que 1! amaremos r OT segunda y tercera. ¡Dios quiera que no se hagan ustedes un lío con la charada! H! ay, además, pequeñas salitas ó, más bien, gabinetes de confianza; pero en éstos raras veces entraremos. y ahora digamos lo que de notable encierran los seis departamentos indicados. SALA i. a (Serie á -Es la sala de los retratos. Colgados de las paredes se ven paletos, señoras, mozas del pueblo y- señoritas. A éstas no se las ve muy bien, porque vienen embaladas en sus cajas respectivas. El íraí 7 z ¿adjunto dará á ustedes una vaga (muj vaga) idea de lo que son tales obras. Pero no divaguemos, y adelante; En el testero del fondo meriendan varios isidros, que sin duda no Han querido pasar de esta sala. jSn seis cuadros diferentes se reparte esta palurda familia (de Znloaga) y á ninguno de sus individuos les falta el pan, las manzanas, el jarro y el fondo de moda. ¡Qué subidita van á tener eu el comercio los tubos de azul, pasada esta Exposición! Salimos de esta sala después de saludar á catorce señoras, todas iguales, todas de frente y todas con sombrero de paja, y nos metemos en la SALA 2. a (Serie 4 ¡Sala de honor! Aquí se ha intentado recoger lo más florido. A la derecha hay dos retratos bonitos. Cerca de ellos aparece Thuillier montado en un burro y recorriendo el camino del arte (núm. 454) ¡quién sabe si en busca de coutrata! Viene después un tríptico, titulado Las tres esposas, más alegre de color Cjue de asunto. El autor estuvo en esta obra más afortunado que el novio que aparece en el panñcau central. Porque ¡cuidado si es feíta la esposa que le destinan... Ños gustan más las damas que la despojan de sus galas nupciales. En fin, paciencia. Peor sería la liiuerte (que está en la habitación contigua) FRo 4 5 4 Unos gitanos bien pintados nos dicen al oído que todos sus compañeros lian venido con sus caballerías a l a actual Exposición. Y es verdad. Recorrimos las salas, contamos los gitanos y los burros, y más nos pareció feria que Certamen artístico la presente Exposición. Un cuadró muy discutido se nos ofrece en la pared del fondo de esta sala. Este cuadro, que en el Museo Nacional tiene el núm. 459 -en la Exposición del Retiro el 709 (hasta en la imidad hay aproximación) ha revuelto gran marejada. Nosotros poseíamos croquis de ambos cuadros, pero el Sr. Aguilar de Campóo nos ruega que no los publiquemos. Vayan ustedes al Museo, vean el cuadro de Ticiano, y se formarán una idea, siquiera sea débil, de lo que es la obra de la Exposición, y creemos que sei P útil aquel cuadro para tal objeto, porque también Ticiano pintaba bien. Lo que no sabia Ticiano es que Adán y Eva pudieran convertirse, andando el tiempo, en Las hijas del Cid. Y, sin embargo, el luilagro se lia r e a l i z a d o ¡Santa María: ora pro nobis! Unos p a i s a j e s que en esta misma sala muestran una irifií itíi pQp. qfn. tioc