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ONVBNCiDOS que en este la cuestión es el rato (y lectores) dirigic mos Sancha de yo hace unosmundo la ExposiciónpasarBellas Arteshacérselo pasar á los celebra ennos Retiro. y días á de que actualmente se el IvO que más nos gustó fué el lugar en que la Exposición se halla emplazada. H a y allí, entre frondosos árboles, un palacio de azulejos para la pintura, un palacio de cristal para la escultura y un hermoso charco de agua para las ranas. No quiere esto decir que no haya ranas, también dentro de los edificios, paro son ranas silenciosas y apenas si se. las oye chillar hasta que falla el Jurado. Sea de esto lo que quiera, lo cierto es que el actual recinto de la Exposición es muy agradable. Puede el visitante contemplar las obras de arte sin necesidad de estar encerrado en un mismo local. Entre la contemplación de cuadros y estatuas h a y ecesariamente que dar uu paseo entre el follaje. El aficionado que salga de ver la pintura puede libremente dirigirse á la escultura ó al charco. No faltarán individuos que salgan frecuentemente de ambos palacios para airearse en aquellos lindos jardines. Y escépticos habrá que paguen la entrada, se sienten en un banco sombreado por el ramaje y se marchen sin penetrar en ninguno de ambos templos. Conste, pues, que las frondosas alamedas del Retiro son más simpáticas que las áridas tierras. de los altos del Hipódromo. Y que mejor que el antiguo palacio- cuartel de la Castellana son los actuales edificios de la Exposición filipina. Y aclarado este punto filipino, entremos en materia. 1,0 primero que vimos cronista y dibujante al querer penetrar en la sección de pintura, fué una pareja d e la Guardia civil. No sabemos qué extraña relación pueda existir entre el arte de Ticiano y el catorce tercio; mas lo cierto es que desde hace años andan los civiles muy cerca de los pintores. ¡Misterios arcaicos... Sin hacer caso de rancias supersticiones penetramos en la sala Central, y allí nos encontramos un amigo, al que dijimos á guisa de saludo: ¿Qué hay de bueno? ¿De b íieno... Nada ó casi nada- -nos respondió, tomando la pregunta por donde quemaba. Y colgándose de los faldones de nuestros gabanes, nos acompañó en una rápida vuelta que por las salas dimos. ¿Veis cuánta afectación... -nosdecía. -Nadie quiere ser sincero, ó mejor dicho, nadie puede serlo- Unos se agarran al Museo del Prado y nos dan el iimo del portugués ó el timo del italiano, causándonos con sus telas una emoción estética que tenemos que agradecer al difunto maestro H ó al antiguo pintor C. Otros, influidos por Zuloaga, nos presentan una serie de retratos puestos en fila y sobre un telón generalmente azulobscuro porque Mee bien. Muchos se nos ofrecen con manía rural, y nos colocan una serie de paletos que ya van cansando y convirtiendo las Exposiciones en posadas para los de Calaíorao. Pocos son los que noblemente interpretan el natural á través de su personalidad... ¿Pero quién tiene personalidad... Os digo que me indignan estas cosas. -Cálmese amigo- -hubimos de responderle. -Todas las tendencias son dignas de respeto. Esos son caminos distintos que... ¿Pero qué caminos ni qué calabazas... I os caminos son buenos ó malos. Y los que yo he señalado son malos. No es lo mismo ir por la calle de Serrano que por la de la Princesa. Por la primera se va á la Prosperidad, y la segunda ya sabemos todos adonde conduce. I o que hay es que en vez de caminos distintos existe lina sola impotencia para reducir la Naturaleza, interpretando lo que de bello tiene por el propio impulso del pintor. Además, ¿vosotros creéis que esos enamorados de lo antiguo proceden dé buena fe... Pues nada de eso. Si los vierais pintar os moriríais de risa. Tienen una colección de recetas, ingredientes, secretos y martingalas que asustan. Hay barnices que envejecen los tonos, hay telas que rechupan los aceites, hay desvanes que empolvan los lienzos, hay prenderías que venden marcos viejos, hay de todo con tal de conseguir que el cuadro salga del taller con pátina (que es lo que se quiere demostrar) Eso no está bien, c aeridos amigos. Porque es lo que yo digo: si además de fusilar los asuntos (claro que con ligeras variaciones) la armonía de las líneas y el procedimiento, procuran imitar la acción del tiempo, ¿qué es lo que queda á las obras modernas de sus respectivos autores? La pátina nos es agradable, porque es propia de los cuadros. que se han conservado (que son, naturalmente, los buenos) pero por si sola no hace sino engañarnos, produciendo en nosotros esa apacible sensación que nos produjeron los antiguos óleos. Si éste que llamáis vosotros -flíraíKí) condujese á las medallas, ¡pobres de nosotros! Las futuras Exposiciones serían malas sucur. sales del Museo del Prado, con la contra de no ser gratuita la eiitra. da. Play que ser