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Murat, sabiendo el SUC SJ. manda que salgan á escaps con un batallón, dos piezas de Artillería, las uales, sin dar aviso, descargan de manera formidable contra la gente indefensa que de allí corriendo vase. I ejos de calmar los ánimos brutalidad semejante, más los excita y subleva, y enciende más su coraje, y todos piden venganza por la villa derramándose, que basta una chispa sólo para que el incendio estalle. De Avapiés á Maravillas, del Retiro al Manzanares, todo Madrid se levanta protestando del ultraje. No liay patriota con vergüenza que á la lucha no se lance con el arma que halla á mano, porque cualquiera es bastante. Carabinas, escopetas, espadas, chuzos y sables, y cuchillos y navajas, tijeras chicas y grandes... Y los dientes y las uñas también son armas mortales, si con arrojo se esgrimen, que sirven para el ataque. Con los franceses se lucha, permitiendo que se salven los que pasan desarmados ó piden que les amparen... pues siempre los españoles son en parecidos trances, débiles con el humilde, con el soberbio arrogantes. Ya los soldados franceses con todas sus armas salen y cargan contra los. grupos que resisten el combate, sin que el anónimo esfuerzo ni el noble heroísmo baste, porque desgraciadamente son las fuerzas desiguales. Las puertas y las ventanas, los rincones de las calles, todo es fuerte defendido por los pechos populares! Y el fervor de los patriotas excita á aquellos salvajes, que hollando la ley humana llegan hasta los hogares, sin que su furia detengan los ancianos con sus ayes, ni con su llanto los niños, ni con sus ruegos las madreiD... Rompiendo la disciplina luchan Daoiz y Velarde con dos cañones y el pueblo junto á las puertas del Parque; y el teniente Ruiz, que llega con un pelotón de infantes, muere con sus compañeros á la bandera abrazándose... Corre por fin la noticia de que se hicieron las paces, mas pi onto se enteran todos de que es un ardid cobarde, porque á la chita callando manda Murat, el infame, que á todos los sospechosos por las armas se les pase; conque de nuevo, á mansalva, corre la inocente sangre, y aumenta el horror del día con la traición miserable... ¡Baldón para aquel caudillo que mostró sus crueldades, y honor eterno reciban nuestros héroes inmortales! ANTONIO PALOMERO