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fuí ¡Ea! -grita triunfador. ¡Hay cuerda hasta las doce por lo menos! Las chicas ríen, el gracioso consulta con los novios, y entre todos acuerdan organizar una gallina ciega. ¡Qué de cosas se le ocurren, qué de gansadas suelta, q u l d e disparates amontona el gracioso... Procura quedarse siempre, protege á los enamorados, chicolea á las no comprometidas, y no se olvida tampoco de gastar de vez en cuando una bromita á las mamas, que, absortas y regocijadas, le contemplan. ¡Qué simpático es este muchado... ¡Y qué buen humor tiene! Dicen bien ambas señoras. Es muy simpático el muchacho, está bien educado, viste correctamente, divierte á todos con sus cosas, sin traspasarlos naturales límites... Terminada la gallina ciega, pi opone un corro, que se acepta; después, unas ocho esquinas; luego, una víbora del amor más tarde, unos molinillos ¡Todo el repertorio de inocentesjuegos queda agotado en poco tiempo, á satisfacción de sus participantes. S él, sudoroso, fatigado, con el rostro congestionado T 7 la ropa llena de polvo, va de una parte á otra, y en rodas se encuentra cuando hace falta, y á todo atieu 3 e y todo lo dirige con incansable actividad... Y ya bien entrada la mañana, cuando después de: infinitas prórrogas las mamas acuerdan levantar la sesión, el gracioso se despide galantemente de todos hasta el domingo que viene, a l a misma hora y en el mismo sitio. ¿Vuelve? A veces no. Y las niñas, que con él soñaron toda la semana, pasan aburridísimas el rato, recordándole á cada momento... Y sufren un poco cuando, á los dos ó tres domingos, le descubren en otra plazoleta derrochando gracias parecidas á las que ellas disfrutaron. Pero otras veces vuelve. Y el segundo domingo hay mayor alegría y más confianza entre los nuevos amigos. El gracioso ya se considera el jefe de aquella, pequeña tribu y ensancha sus conquistas invitandoá jugar á otras muchachas que por allí aparecen, y á otras después, y á otras luego... Estas, á su vez, llevan nuevos contertulios... Y he aquí que una buena mañana el corro de la plazoleta- -siempre dirigido por el gracioso- -resulta imponente y hasta tiene un enorme ptiblico que le contempla. Ya el gracioso es el hombre indispensable. Se le espera, se le busca, se le consulta... Cuanto dice está, bien, su menor palabra resulta de una gracia imponderable... Y hasta dos ó tres de las muchachas le aman en secreto... Pero pasan las alegres mañanitas del Retiro, la tertulia se disuelve, y el gracioso desaparece con losprimeros fríos, á la caída de la hoja... ¿Adonde va? ¿De dónde vino... ¿Qué le importa á nadie? GIL PARRADO DIBUJOS DE 7,11: D V 2 A