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S iToSjrm XAE dad con que los más encopetados artistas, una vez terminado su trabajo y embutidos en éí ataplio frac, ayudan durante el resto de la función á las faenas preparatorias de otros ejercicios. Yo he visto á un príncipe japonés hacer Sorprendentes equilibrios acompañado de un servidornipóu, y al poco rato he visto al príncipe barrer la pista con un cepillo de largo mango. Os aseguro que daba pena contemplar, empleado en tan bajo oficio, nada menos que á un príncipe de un país tan adelantado. Si le llega á ver su compañero Kuni, hubiese tenido un disgusto. Pero en el circo todo es extraordinario y... fuera de abono. Por eso las representaciones acrobáticas gustan siempre y á todas las edades. Para un chiquillo no h a y p l a c e r como el de asistir á una función de tarde. P a r a un adolescente ó para un pollo á la última, n a d a hay tan sabroso como una soire e fashionahle. P a r a un v i e j o v e r d e lo mejor es un abono á toda la temporada. (Y que vengan artistas guapas. El secreto del negocio está en refrescar el programa. Tan sólo la variedad puede salvar el espectáculo. Sobre todo, es necesario que en la segunda parte haya un número de gran atracción. En los programas de circo no puede cumplirse el refrán que dice: Nunca segundas partes fueron buenas. Es preciso, por el contrario, que las segundas partes sean mejores que las primeras. Y por regla general, lo son. Para las once de la noche anuncian siempre los carteles á los artistas de mayor éxito. Pero esto de los artistas exige capítulo aparte. 1 GNORO la relación que pueda existir entre la Pas cua florida y los espectáculos ecuestres y taurinos, pero es lo cierto que apenas se oye el toque de Gloria inauguran sus temporadas el circo de Parisli y la plaza de toros. Las puertas de ambos circos, como las yemas de los árboles, se abren en primavera. Y en nada se parecen las funciones que en ambos locales se verifican. El circo taurino y el circo ecuestre son, en cierto modo, opuestos entre sí. En la plaza de toros, el público lo que pide son caballos y más caballos. En el circo acrobático, cuantos menos caballitos, mejor. En los programas se anuncia hoy como reclamo que no habrá números ecuestres, y por lo t a n t o que no habrá para los espectadores de las primeras filas de sillas el peligro de salir con los ojos llenos de arena. Otras diferencias existen entre los dos espectáculos. Ea función taurina es una función española que interesa en sumo grado á los extranjeros. Ea fiesta acrobática es, por el contrario, una fiesta extranjera presenciada por españoles. Cual de las dos sea más interesante, es cosa que ignoro. Eo que sé es que voy á hablaros de la segunda. ¿Sabéis lo que es un circo... Pues un circo es un local cerrado y provisto de una pista central, en la que varios artistas ejecutan casi siempre los mismos trabajos al son de una orquesta casi siempre desafinada. En el circo hay, sin embargo, muchas cosas dignas de admiración, como, por ejemplo, la anchura de los fracs que visten los artistas; la estrechez de los asientos llamados sillas, y en los que hay que sentarse co? i calzador; la elasticidad de los gimnastas, y la mayor elasticidad q u e la Empresa consigue dar al tiempo, ya que de los siete días de la s e m a n a nueve por lo m e n o s son días de moda. Otra cosa digna de ser admirada en los circos, es la humil- Eos señores y señoras que en los circos ganan el pan con el sudor Aetodo su cuerpo, son de muy distintas clases y cataduras. Desde el modesto acróbata (generalmente del país) que trabaja en las anillas á primera hora (y antes de que el gran público acuda) hasta el artista con contrato especial por corto üúmero de noches, con aparatos