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como su teneblario de bronce, mayúsculo y ornamental. No se necesita que la letra de los tristes salmos; penetre en la grandiosa música de Palestrina. L, a página discreta de Eslava tiene en la catedral un magnificoescenario. Caen de las altísimas bóvedas profundas sombras que agrandan el templo; el coro es amplio y penumbroso; las capillas, frías y llenas de misterio; los sepulcros, graves; las rejas, enormes, como batidas por el martillo de los cíclopes; la maravilla del retablo mayor, labrada como un panal por todas las exquisitas abejas del arte, está incensada con el perfume de los siglos, ennoblecida con el oro hidalgo y ceniciento de las antiguas ofrendas, vibrante con el son de las antífonas litúrgicas, como esa madera rosada de los viejos violiues que se hace sensible, acaso inteligente, al contacto d é l a s grandes emociones del arte y del espíritu. Y he aquí por qué el Miserere de Eslava se agranda en la catedral como la sombra del templo y se convierte en una página terrible y dolorosa que tiene todo el encanto de la emoción. l a la tradición la ha conveitido también en algo propio de la cate Iral, perdurable y decorativo, como el teneblario de bronce que ponen en el crucero. El treno doloroso sale de la Sf a catedial se esparce bajo los naranjos del viejo alcázar, y del moruno patio como una 4. r bocanada de amor y de vida íí i- í de vida piadosa, de amor en í a- S cendido como el ascua de los claveles que revienta en sus. iSí- í r, i J, callees. FERIA. Es la fiesta del sol, 4 el prodigio de l o s colores, la detonante caricia de la primavera, el latido germinal de todas las fuerzas del mundo, la Pascua Florida de la tierra, del cielo y del corazón. I cuentes congeladas de espíritu, que tiritan os cielos lívidos del Norte, son peregrinas ta fiesta sevillana que hace hervir la sanj arterias y enciende la llama divina en el cerebro, No hay en el mundo espectáculo semejo uario tan luminoso y soberbio. El Guadalquivir describe una mansa curva de cáliz, de lira, de guitarra, de cosas amantes, triunfales y sonoras: besan al río las frondas perfumadas de los jardines; brilla en lo azul el cupulín resplandeciente de la torre del Oro, como el yelmo guerrero de un caballero andante; delante del Prado se tiende la alcatifa de los naranjales, bordada con bolas de oro y con flores de nieve, y en el aire celeste, purísimo, diáfano como el cristal de las viejas vidrieras, se alza la torre iniuorta! Titrris Forlisima, amable y bella como una mujer sevillana, de senos henchidos de gorjeos de bronce, de músicas admirables, de nidos amorosos, de encantos eternos. Ea Giralda es una guzla soñada por los árabes, construida por los almohades, pulsada por los cristianos. Es la torre príncipe, la torre ideal, la torre del ensueño del amor y de la poesía. Y entre estas cosas grandes; y encantadoras, consagradas por el perfume de la tierra, del cielo, del agua, del arte, de la historia, de la fantasía y del espíritu, hierve el gozoso enjambre humano, ebrio de color, de alegría y de movimiento, como una turba de alados y zumbadores insectos que dan á los aires una grandiosa vibración de la intensa vida. ¡Feria de Sevilla, borrachera de luz, Pascua Florida de la primavera meridional, hervor de la sangre, alegría del alma, concierto de todos los sones de las cosas gratas, bajo, la ancha copa azul y cristalina de tu cielo... tú eres la lumbre helena, el goce oriental, la gallardía cristiana, la exaltación poderosa de todas las potencias y sentidos! ¡Bendita seas! y f JOSÉ NOGALES