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Avanza el Cristo por las calles teñidas de un crepúsculo meridional; entre los brazos y el madero hay dos triángulos azules, en los que brillan las primeras estrellas; un aura cálida de azahares y claveles viene á besar con mansedumbre de caricia la cabellera del IMártir; todos los efluvios arruUadores de la intensa primavera resbalan por la sangrienta piel y los músculos doloridos. El Cristo es cárdeno, lívido, agonizante: expresa todas las supremas angustias deJ último minuto humano. Pero una ráfaga de amor le envuelve; otra ráfaga de amor parece salir de su costado abierto, y en esos tiernos amores de la Naturaleza, de la religión y del arte, el Cristo del Amor, va por Sevilla pregonando los desposorios del azahar y de la sangre, de la luz y el dolor, de la vida y el sacrificio, del resplandor 3- de la muerte. ¡Oh tierra, oh cielo, oh pueblo, oh alma que haces de la madera espíritu, sacra madera de vibrar doliente en la guitarra, de perdurable agonía en los Cristos! p- LMlSERERE. Decid á u n sevillano que no se cantará el Miserere de Eslava en las noches del Miércoles y Jueves Santo, 3 os responderá, si es smcero, que entonces podría cerrarse la catedial. I, a catedral y el Miserere son tan inseparables como el alma y el cuerpo, como la palabra y la idea, como el dolor y el gemido. Todo es grande en la catedral, macizo 5- pcidur. ible cono bUh vcijas de lilciio, COJJO SUS lá uparas de p at; i, r f SEVILLA LA FIESTA DEL COLOR L LA CALLE. Creo EhaCRISTO EN nuestros escultores quelanadie igualado á en concepción representativa del Cristo en el Calvario. I, a tremenda página del sacrificio inspiró siempre al arte español una de sus mas nobles visiones. Los Cristos de la escuela sevillana están hechos para la calle más que para el retablo; diríase que su agonía, como la del Ci isto verdadero, principia y termina en el espacio azul entre los cielos rientes y la tierra ingrata. Conservo la impresión duradera en la retina y en el espíritu de aquel Cristo del Amor enteramente sevillano que el genio de Martínez Montañés puso en la cruz en un soberano instante de realidad y misticismo. ñ