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h EL FUEGO Yo he consagrado en el templo de mi loca fantasía un alfar candente y lívido de gentil pirolatría, ñmo al fuego, dios bermejo de la diosa luz hermano; ronca voz de los volcanes; corazón de los ¡manes que se forjan en el yunque de las fraguas de j ulcano. Es el fuego de las máquinas el alma brillante y tórrida, en los émbolos pujante, en las ruedas brusca y hórrida. VOY el fuego el agua truécase eií vapor que forcejea, y á su lucha de gigante por salirse de su encierro, corre el tren, navega el barco, la dínamo centellea: siervo el rayo, vivo el hierro. Yo amo al fuego. Desde el antro nebuloso en que se agita él en vértigos voltea por la bóveda infinita los planetas errabundos que circuyen de parábolas a su rey, el sol luciente; él impulsa eternamente la dinámica sublime de la marcha de los mundos. Es el fuego quien provoca las terribles convulsiones de los mares turbulentos; quien impele los ciclones; quien, rasgando los abismos, desmorona las montañas en grandiosos cataclismos. Es el fuego quien alumbra los espacios siderales encendiendo en las estrellas sus antorchas celestiales. RAFAFL L Ó P E Z D E HARO DIBUJO DE MARTÍNEZ ABADAS 1 fliU.