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cidas, mientras al jactancioso se le descuentan algunas, pensando que son menos las que consigue que las que se apunta por vanagloria. Inés se llama de nombre y Carmena de apellido la que pudiera llamarse de nombre Inés y de apellido UUoa, por ser la perseguida de D. Juan y anotada en la lista de sus deseos presentes y seducciones futuras. líl alma. de Inés es un alma extraña; es tímida en palabras y enérgica en obras, de suerte que no sabe pronaaciar un ¡iio! por consideración al que la solicita, ni sabe pronunciar un ¡sil en la ocasión de cumplir lo i ti v. f, v JÍ i ísolicitado. Es virtuosa sin vacilaciones, y á la vez complaciente en cuanto la complacencia no quebranta la virtud. Es un espíritu de paz que quiere vivir bien con todo el mundo, y tan razonable que si lia de quedar m a l con alguien, necesita de una razón para no parecer severa por puro capricho ó por insensibilidad. De intención inflexiblemente rectilínea y de proceder curvilíneo, salva los pasos escabrosos por rodeos amables. No falta á la moral, pero tampoco al buen gusto y delicadeza de la forma. En lugar de defenderse con las arrogancias fieras con que defendería su posición el soldadote bárbaro de Atila, cierra el camino á conquistadores y asaltantes con la persuasión y la habilidad, como los artistas de la antigüedad helena amansaban las fieras y vencían en los combates con el son de las liras y el recitado de las odas. En suma, da valor igual á la estética y á la ética. Y ahora vengamos al caso. Y no es otro sino que nuestro D. J u a n