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ftlESARLVUELTA -Seguramente que el señor es un rico hacendado de las cercanías. -No- -dijo el artista. -Soy wn pintor. Mi oficio es hacer retratos. ¡Ah! -exclamó sorprendido su interlocutor. -Precisamente mañana es el santo de mi mujer, si me hicierais un retrato para sorprenderla... -No hay inconveniente- -contestó Bonat sonriendo. -Pero, entendámonos. ¿Cuánto me va á costar el retrato? ¿Cuanto piensa usted pagar? -le preguntó Bonat alegremente. -Pues... Un franco cincuenta. -Convenido. Y el pintor tuvo la humorada de tomar un lápiz y hacerle un retrato que causó la admiración de los compañeros del original. El campesino pagó y se fué con sus amigos, y al pasar por delante de la ventana abierta cerca de la cual estaba el pintor, oyó este fragmento de conversación: ¡Mira que está propio tú retrato! -Sí, pero he sido u n tonto. Si hubiera regateado un poco se lo hubiera sacado por un franco. HORA FIJA r- -Yo tengo las diez y cuarto. -Pues va usted atrasado, porque son lo menos las once. I as onceí- -Sí, señor. Vea usted que está llegando el tren de las nueve y media. El Sr. De Paz, un anciano profesor, todas las tardes se sienta en la misma mesa del café, y mientras saborea poco á poco una taza del aromático licor, se lee tranquilamente los periódicos. Una tarde, á la ñora dé siempre, acabados el café y la lectura, se levantó el señor De Paz para marcaarse, y por más que hizo, no pudo encontrar su sombrero de copa que había dejado á su lado sobre el diván. En cambio habían dejado allí otro magnifico de ocho reflejos. -Qué cosa tan rara- -exclamaba Paz; -generalmente el que se equivoca de sombrero se lleva el mejor, y ahora se han llevado el mío, que está bastante viejo, y rae han dejado uno flamante. -I,l evéseIo usted- -le dij o el mozo, -seguramente mañana volverá el que se ha equivocado á deshacer el cambio. A s í i u é en efecto; cuando al día siguiente entró Paz en el café, un señor le dijo: -Ayer hemos debido cambiar de sombreros, porque el que usted trae me parece el mío. -I,o mismo me sucede á mí con el que usted lleva. -Deshagamos el cambio. -Enhorabuena. ¿Pero cómo pudo usted confundir dos sombreros tan distintos? ¿Quiere usted que le sea franco? Pues ayer cuando iba á salir del cafe llovía bastante y me encontraba sin paraguas. Vi que usted tenía uno bien grande y calculé que á mi sombrero le convenía más salir sobre su cabeza que sobre la mía, al propio tiempo que calculé que en el estado en que el de usted se hallaba no había de hacerle gran mella un chaparrón más ó menos. N CAMBIO DE SOMBREROS P N T R E AUTORES Alejandro Dumas, padre, era in capaz de mortificar á un colega menos afortunado que él, pero cuando el compañero envidiaba su gloria ó se entristecía por sus éxitos, sacaba las uñas y daba un terrible arañazo al envidioso. Uno de éstos era el poeta. Soumet, y durante la representación de u n a de sus obras, vio Dumas, que estaba á su lado, que un espectador se había dormido. -Ved, querido amigo- -le dijo- -el. efecto que hacen vuesuv- os. Al día siguiente se representaba una obra de Dumas, y como Soumet viera otro espectador dormido, se apresuró á devolverle su pulla, diciéndole: -Ved, querido amigo, el efecto que hace vuestra prosa. Dumas se encogió de hombros, y contestó señalando al durmiente: -Es el mismo de ayer que todavía no h a podido despertarse. REFRANES ILUSTRADOS ANÉCDOTAS Hallábase en una humilde aldea de Normandia el célebre pintor I, eón Bonat, cuyos retratos se pagaban espléndidamente, y en ocasión en que estaba refrescando en la única posada del lugar, cuando uno de los campesinos que había allí le dirigió la palabra. U N RETRATO Mar r a l e mal oír que mal decir.