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Entonces, la mirada expresiva de la anciana sé cruza con la fingida mirada del retratado, en la que ella cree encontrar aprobación para lo que va estampando, con una letra menuda y clara, en los pliegos de papel. Al fin, tras no poco vacilar, la pluma en alto, la cara apoyada en la mano izquierda y fijos los ojos en el pintado semblante que bondadosamente la sonríe, da por terminada su tarea y, cambiando de postura, se dispone á leer todo lo escrito. Leamos al par que ella. Tres días lie estado meditando la contestación á tu carta última. Tres días con sus noches correspondientes- ¡para los viejos son siempre tan largas! -en que no te has separado de mi memoria; en que he recordado tu vida entera, tu nacimiento, tus primeras sonrisas, los balbuceos de tu boquita de rosa, los vacilantes pasos que empezaste á dar en este mismo gabinete donde te escribo, las enfermedades que sufriste y la lucha que tu pobre madre y yo sostuvimos para que no se quebrantara tu naturaleza delicada. He reconstruido los años, para mí dichosos, de tu infancia y de t u j u v e n t u d que pasaste á mi lado, en que pude gozar á mi sabor de tus caricias y compendiar en ti, hija mía, todo el cariño de que soy capaz, ya que eres tú la herencia viva de mi pobire Carlota, muerta tan joven. Recordé también cuando, ya mayorcita, vino tu padre á separarte de mi lado, la soledad tan grande en que quedé, la pena que me causó tu marcha, mitigada tan sólo al pensar que la vida se abría ante ti fácil, brillante y llena de promesas; que tu camino era llano, libre de sinsabores y de penas; que era egoísmo refinado retener al pajarito que quiere alzar el vuelo, y que tiene alas tan poderosas como la belleza y la fortuna, la inteligencia y la bondad. Y llegué á consolarme por completo cuando vi que, lanzada al mundo, encontrabas placer en sus diversiones, y que los homenajes que te rendían por tu talento y tus encantos, satisfacía ese poso de vanidad que en luayor ó menor grado, mejor ó peor escondido, todos llevamos oculto en nuestro interior. Hace tiempo esperaba la noticia que me trae tu carta; eralolügico, lo que tenía que ocurrir. Cada vez que me escribías pensaba al rasgar el sobre: Seguramente aquí me dice algo y luego, al terminar la lectura, me quedaba un poco de descontento al ver que el acontecimiento se iba demorando, que todavía no era llegada la hora en que tu vida se fijase y concretara en una sola idea, más absoluta que las visitas, los vestidos, los bailes y los spor ¿s, bien sean acuáticos, terrestres ó aéreos. i- HMÍfí Y el caso tuvo lugar, ü n galán se había fijado en mi nietecitá; después de vea. flirteopremonitorio, durante el cual procuró conocer aquello del carácter, pensamientos y modo de ser de la dama que ésta muestra cuando está en visita, decidióse á convertir en novia go formal lo que hasta entonces sólo había sido pasatiempo, y hete aquí á la señorita doña Esperanza de Villardelos v Sancho Antúaez Peraiar v t isneros, híj;