Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
rece. Pero el labrador queda allí esperando las almendras, que son las que le tienen más cuenta. Y esperándolas, ve caer las flores, quemadas por la escarcha. I a poesía se ha salvado; el dinero se ha perdido. Con tus flores, engañosa primavera, son posibles los sonetos, pero es imposible el turrón de Alicante. Y yo estoj por el turrón... ¿Qué más me ofreces... TT -Templado amhienle... -No te creo. Eres una exagerada. O nos envías ardorosos rayos de sol ó nos traspasas el pecho con agujas de hielo. Total, dos enfermedades: la pereza ó la orippe. Tu sol tonificante me deprime. Tu suave ambiente me quita energías para el trabajo. ¿Y eres tú, perezosa, la representante de una nueva vida... No me engañarás con tus candentes efluvios. Conozco tu inconstancia. Varios años me hiciste guardar las prendas de abrigo en aquellos lugares de donde tan difícil las es salir, y castigaste después mi cuerpo con rigores invernizos. Guárdate, pues, tu templado ambiente, y á otro can con ese hueso. ¿Qué más me ofreces... iri- -Alegres pregones. -No tan alegres. Si tú hubieras sido estudiante, hubieses sentido la infinita tristeza de esos gritos. Como puñales, clavánse en el alma las cortadas notas que lanzan al aire los vendedores de requesón y de geranios. Mentira parece que l a conci jucia pueda acusar por boca de un requesonero. Y vosotros, simpáticos holgazanes, sabéis ciue sí. Aquella cesta cubierta de blancos trapos, hace pensar en los exámenes. Sin saber por qué, el burro de los geranios dobles os recuerda vuestra situación. Es preciso apretar. Pero ¿quién estudia con aquel sol que invita al clolce far nienie? Y los pregones siguen sonando: ¡Lo fino de Mira lores... ¡Buena planta ele geranios dobles- No; no son alegres tus voces, engañosa primavera. Falsos son tus atractivos como los productos que ofrecen tus pregoneros. Yo he comprado de tu requesón, y á no habérmelo dado falto de peso, el cólico que me produjo hubiese acabado conmigo... Yo puse z mi balcón una planta de geranios dobles y se secó á los tres días, porque la tal planta estaba sin raíces, clavada en el tiesto á lente mientras cobro. ¡Ah, embustera estación de los pregones... ¿Qué más me ofreces... IV- -Faganas fiestas. -Sí; las conozco. Carreras de caballos en el Hipódromo y corridas de toros en el circo. En ambas he estado. En las carreras he perdido el dinero apostanelo; en los toros le he perdido abonándome. ¡Buenas están ambas fiestas! Cinco coches de punto y dos particidares llevan catorce personas á un árido hipódromo. De hora y media en hora y media salen al stand dos tísicos caballos montados por dos fúnebres OC Í ÍJ Í. Dan una vuelta á la pista y llegan á la meta por este orden: Primero, uno; después, otro (que es precisamente por el que habéis apostado) Y nada de grandes traviesas, nada de lujosos trenes, nada de nada... Los toros son más animados, pero observad el silencio que al correrse el cuarto reina en la plaza. El público, cansado, calla. La depresión que sigt: i al gasto nervioso que ha hecho la gente antes d é l a corrida y al principio de ella, se nranifiesta por aquella quietud, en la que podría escucharse cualquier palabra pronunciada á media voz. Si un espectador sincero os hablase, os diría que no se divierte. A partir de ese momento, la fiesta ha fracasado. ¡Ah, falaz primavera! Tú nos engañas con el anuncio de olímpicos juegos que olímpicamente nos aburrren. Tus fiestas me cansan... V- -Jiras campestres. ¡Ah, sí... ¡Preciosas... Pero el día antes. L o m a s agradable de un día de campo, es... la víspera. ¡Cuánta ilusión! ¡Cuánto preparativo! ¡Qué impaciencia por gozar del paisaje... Pero llega el día señalado. Y sucede que la madrugada precisa para tomar el tren, nos descompone el cuerpo; la tortilla de escabeche nos estropea el estómago; el exceso de vino nos atonta la cabeza; el mismo aire libre nos emborracha, y volvemos á casa cantando p a r a engañarnos á nosotros mismos, pero invadidos de una gran tristeza. A l d í a siguiente, un invencible cansancio muscular nos tiene molestos; si á la jira asistieron niños, alguno pagará en! a cama el precio de su imprudencia. Y el paisaje allí se quedará sin que nadie le haya contemplado, y tú, primavera, tendrás que guardar tu telón para engañar á otro tontos. El campo en cualquier tiempo es hermoso, pero los dica de campo propios de tu reinado no me seducen. ¿No tienes otra cosa que ofrecerme... VI- -Renovacicjn de vida. ¡Mil gracias... ¡Ya sé á lo que tú llamas movimiento de la sangre, renovación de vida y otros tantos diviesos por el estilo... ¡Mil gracias y que te las den también los muchos drogueros que venden zarzaparrilla y los pocos médicos que aún no han sido ministros! Entre doctores y herbolarios, tendrás tú predicamento. Para mí has fracasado. Ni creo en tus suaves temperaturas, ni me alegran tus gritos, ni me divierten tus fiestas, ni me engañas con tus efímeras flores, ni me conquistas con tus pasajeras alegrías... ¿No tienes algo más permanente con que regalarme... VII- -Amores eternos... ¡Habrá embustera... Luis BE T A P I A DIBUJOS DE SANCHAS