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I déla concurrencia. I a plaza de C a t a l u ñ a presentaba hermosísimo aspecto; más de 200 automóviles cubrían la carrera, y en ellos damas distinguidas aclamaban á D. Alf o n s o E n los balcones y te- rrados, repletos de gente, se agitaban l o s p a ñuelos- y se repetían los vivas; los estudiantes, con su bandera, daban al Soberano guardia de honor, y la ovación fué const a n t e p o r las Ramblas h a s t a el templo de la Merced, donde entró S. M. bajo palio para asis tir al Tedeum. De la Merced se dirigió el Rey á l a Capitanía general, desde cuyobalcón presenció el desfile y fué calurosamente aclamado por el público. Acompañábanle el embaj a d o r de Austria, el almirante Ziegler y los DESFILE DE LOS AUTOMÓVILES POR DELANTE DE LA CAPITANÍA GENERAL DONDE ESTABA D ALFONSO (X) Fots GoBi ministros Maura y Ferrándiz. 131 desfile de los a u t o m oviles por delante de la Capitanía general, fuélucidísimo. Ocupaban los coches las más distinguidas fa, millas de Barcelona, entre las que recordamos las del marqués de Santa Isabel, Bosca, Conde y Puerto, Freixa, Fabra, Huelin, Garriga, Juncadella, Maciá, Bertrand, N o gués, G i r o n a Sala y Sert, López Luis, Ciudad A u r i o l e s Ferrer y Vidat, Uovet, Llorach, Monteys, T o r nichét, Leix Dotres y Fúster. Gran solemnidad revistió el acto de inaugurar las obras de la reforma de la ciudad. Frente á l a c a s a por donde había de comenzar el derribo, estaba la t r i b u n a regia bajo a r t í s t i c o dosel con los lujosos s i l l o n e s