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Xí cJenarú i m; nL c) ecJa ¿nie- crü ¿oQ c j s una délas íe ministas que hoy goza de mayor e s t i m a c i ó n en Francia, debido á su clara inteligencia y á su concepción rápida y práctica de las cosas de la vida. Sin duda, haciendo alusión á estas cualidades poco c o m u n e s en la mujer, M. Harlor, en la biografía que ha escrito de la s e ñ o r a Avril de Sainte- Croix dice: En su bondad existe el juicio crítico, y en su abnegación el orden. De soltera ejerció el periodismo durante algunos años, logrando el mejor éxito en los principales diarios parisienses, en los que colaboraba bajo el seudónimo de Savioz; estas crónicas constituyen un volumen, publicado bajo el título de Au pays des Ruthénes, y muchas de ellas han sido traducidas en diferentes idiomas extranjeros. No hace m u c h o que ha aparecido un interesante libro suyo, El Feminismo, con un prefacio del esc r i t o r Víctor Margueritte. Es la historia concreta del feminismo en Francia, de la lucha de las mujeres al reclamar iguales derechos civiles y políticos que los hombres; no obstante, la señora Avril de Sainte- Croix se muestra de una discreción que aplaudimos; no pretende defender el feminismo con la arrogancia de un paladín; su obra se limita á probar, citando hechos, la labor más importante que han realizado mujeres notables y los progresos sociales que en estos últimos tiempos han logrado obtener las feministas francesas. Eas páginas de El Feminismo están escritas con sobriedad y en estilo correcto y agradable; pero lo que adquiere mayor relieve en esta obra es el espíritu de la periodista, de una firmeza inquebrantable. La señora Avril de Sainte- Croix es la secretaria del Concejo Nacional de Mujeres, institución organizada para representar los intereses feministas y, en general, á la mayor parte de las Sociedades de mujeres que existen en Francia; debido al espíritu delicado y sugestivo de la señora Avril de Sainte- Croix, esta Sociedad ha adquirido gran importancia social en Francia, y representativa en el extranjero, donde en diferentes ocasiones ha cumplido la laboriosa feminista misiones importantes, siendo la última en La Haya, en el Congreso de la Paz. Debido á la inic i a t i v a de esta feminista, existe hoy en París una importante institución caritativa y de salud moral con el fin de favorecer á la mujer, ó, mejor dicho, á las siervas, emp l e a n d o la misma palabra que la señora Avril de SainteCroix usaba en conferencias que tuvieron gran resonancia cuando fundó la obra de l i b e r a t r i z y de redención femenina. En el año 1901 la So ciedad L i b e r a t r i z quedó d e f i n i t i v a mente organizada, y al cabo de tres años, ya había salvado á más de trescientas niñas. Estas infeli ees, que generalmente se e n c u e n t r a n abandonadas en su situación desgraciada cuando llegan de provincias, encuentran en Auteuil hospitalidad bondadosa en una casa aislada, en medio de un jardín sin la rigidez austera de los asilos. Es allí donde muestra toda su abnegación) a señora Avril deSainte- Croix, ocupándose en particular de cada una de sus pupilas, con las que sostiene charlas amistosas. Su experiencia y sus dotes notables de organizadora, contribuyen á que diferentes instituciones soliciten su concurso; así no sorprende que pertenezca á la Liga del Derecho del Hombre y que 27.040 voces la designasen como miembro del Comité Central. Su labor activa y altruista no la absorbe por completo, pues también rinde homenaje al talento literario. Debido á su. generosa y entusiástica labor, en 1897 se celebró una manifestación en honor de la ilustre filósofa Clemencia Royer, de la cual Renán dijo; Parece un hombre de genio y esta manifestación resultó magnífica; se puede decir una verdadera fiesta de la inteligencia. La señora Avril de Sainte- Croix no tiene el aspecto austero de una sectaria predicadora de la salvación de las almas, ni el aire despótico ó de suficiencia; al contrario, si seduce es por su porte distinguido y aristocrático, y sus cabellos grises nos recuerdan á las damas de la corte de Luís XVI. Su conversación es agradable y sin ficción. Con placer la escuchamos manifestar la simpatía que le inspira la mujer española y su gran anhelo porque la acción femenina adquiera en España igual import. incia á la que tiene la mujer en Francia. EVANGELINA