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getarianismo, del naturalismo y creo que del reumatismo, á juzgar por la poca ropa que lleva. Es un suizo muy simpático (no sé si dirán lo mismo los sombrereros) que recorre las calles madrileñas con los pies desnudos, la cabeza al aire y una condecoración ó insignia social sobre la solapa de su americana. Los chiquillos se paran á contemplar á este moderno Moisés, que predica en sus conversaciones las excelencias de todo lo c ue es natural. Si la Cuaresma no estuviese ya establecida, el suizo de las sandalias la implantaría para todo el año. Sus teorías son comer poco, andar mucho, ir medio desnudo y ponerse zaj los domingos. Si estos no son sacrificios superiores á los de la vigilia, no entiendo una palabra de estas cosas. Los vegetarianos, que van siendo ya muchos en España, encajan perfectamente en esta charla cuaresmal de carne y de pescado. Y no es que ellos defiendan una cosa ni otra. El verdadero vegetariano no come ningún animal muerto. Pero para los efectos de este artículo y para la consideración del vulgo, estarán siempre los vegetarianos clasificados entre los defensores de la pesca. Por lo menos, el suizo si sigue paseándose tan ligero de ropa va á pescar un catarro que le va á durar hasta que llegue la Pascua, y con ella el desquite de los vegetarianos forzosos de acelga y lenteja. No quiero yo decidirme por uno ú otro método. Entre la carne y el pescado, elijo el agradable eclepticismo de los menús de Lhardy. Todo lo que son exageraciones en uno ú otro sentido, me ausa antipatía. crudos (que eso quiere decir la voz esquimal) y los haNo creo que el hombre bitantes del centro de África se nutren de carne de debe dedicarse á la carne amigo y consocio, ya que casi todos ellos son antro- exclusivamente. H a s t a pófagos. lyO chocante de tales costumbres está en la las jamonas me son odio, coutradicción que suponen de la higiene más elemen- sas, 3 prefiero en m i s tal, pues en modo alguno puede ser sano tal género amores las mujeres delde vida. Tan desagradable é indigesto debe ser un g a d a s y jóvenes á las sorbete de sardina como xxxí a. pierna de guerrero cocida en gruesas y pasaditas. Pero su propia salsa ecuatorial. de eso á prescindir por Más fácilmente se explica el hábito que ambos completo de toda alimenpaíses tienen de comer crudos sus alimentos. Para los tación carnívora, andanesquimales esinútil condimentar sus manjares. Apenas do descalzo por las calles, separaran del fuego el guiso, se les congelaría. Por sin darimportancia pronto que acudiesen á la mesa, hallarían helada la á las gentes, y dáncomida... ¿Quién come, por ejemplo, bacalao á la viz- dosela á un distincaína con estalactitas de tomate helado... Por eso, los tivo colocado en la habitantes polares prefieran engullir sus pescados solapa, hay un abiscrudos, y hacen perfectamente. mo de diferencia. La CuaTampoco los negros africanos tienen necesiaad de resma se sostiene en el asar la carne de sus justo medio, y por eso no prisioneros de guerra. cae en desuso. Dui ante El sol se encarga de cinco días de la semana todo. y cuandoun ene- es lícito comer carne; los migo cae en poder del viernes es obligatorio el vencedor, ya va aquel pescado, y los domingos asado, y muchas veces está dispensado el ayuno. frito. ¿Puede darse nada más Dedúcese, pues, de suave... Ya sé 3 0 que alla conducta de estos gunos individuos c u m dos pueblos represen- plen este precepto de los tantes de la alimenta- viernes comiendo pescación exclusiva (ya sea do y legumbres en la mede carne ó de pescado) sa y llevándose esconque hay países é indi- dido á su cuarto un troviduos que no siguen zo de salchichón, pero ¿dónde no habrá pecaaores... el precepto que las reToda intransigencia es odiosa. En el mundo no ligiones basadas en reglas naturales orde- debe ser todo carne, ni todo pescado. Tan sólo en arte nan. Vayase por otros y en literatura me gusta ser intransigente. A mí denseñores que exageran me ustedes un autor que tenga nervio y substancia, un la Ilota y tan sólo se escritor que levante tajada, un poeta de temperamento preocupan de la higie- sanguineo que haga versos viriles, algo, en fin, de carne Ó denme ustedes, para mi risa y esparcimiento, conne y de los principios naturalistas para sal- grios declarados, piercebes dramáticos, besugos poéticos, var su espíritu y con- fresco literario, en una palabra. Pero que no me den, por Dios, jóvenes libiales, ni páservar su cuerpo. Actualmente pasea lidos poetas, ni decadentes prosistas. Porque todos sabemos lo que son estos señores. por Madrid un curioso Ni carne ni pescado. tipo, defensor del ve- G LUIS DE TAPIA DIBUJOS DE SA CHA