Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
pMPEZAEÉ con un parrañto cursi... Véase la clase: Mañana lanzará Momo su postrera carcajada. Cabalgando sobre la última carroza carnavalina, una vieja escuálida y huesuda entrará en la corte. Deshecha la Piñata, el reinado de la carne habrá con- cluíüo, y la Cuaresma impondrá á las criaturas sus severos preceptos. I os cascabeles del tirso carnavalesco se habrán convertido en cuentas de rosario... Por este fácil sendero de las imágenes, podía yo seguir largo tiempo. Pero el arte de la medida, que es un arte muy necesario para todo, menos para hacer versos modernistas, me obliga á dar un corte á aquella circunstancial literatura, dejando en suspenso tan precioso párrafo. Después de todo, para decir que pasado mañana empieza la Cuaresma, no son precisos grandes arranques literarios. El suceso es de los más vulgares y conocidos. Todos los años se nos ofrecen estos cuarenta dias tristes, conmemorativos de aquellos otros cuarenta que el Señor ayunó en el desierto. La Cuaresma es por su origen una cuestión de comer ó no comer, y fuera de los preceptos morales que impone, sus reglas se refieren principalmente á la alimentación. Claro es que en estos tiempos no hay individuo q i. e ayune cuarenta días seguidos, por mucho que se acuerde del desierto. 1,0 único que la Humanidad hace en esta época del año es privarse en ciertos días de las carnes, comiendo en su lugar pescados y verduras. Carne y pescado es- por lo tanto, el asunto más oportuno para tratado en Cuaresma. lis decir, antes de Cuaresma; porque una vez empezada ésta, no se podrían mezclar en un solo artículo ambas ideas. Y hagamos ahora un poquito de historia. Indudablemente, el origen de la actual prohibición, de comer carne, se remonta á los primeros legisladores. Atento el gran Moisés á la higiene de su pueblo, dio algunos consejos que tendían á que los egipcios se privasen durante la primavera de ingerir carne de animales terrestres. Con un celo parecido al que con las tabernas emplea actualmente el Sr. La Cierva, fué Moisés cerrando una por una las carnicerías egipcias. A nadie extrañó tal medida. Un hombre que había sido pescado por la hija de Faraón en las aguas del Nilo, tenía que demostrar cierta preferencia por las comidas de vigilia y por la alimentación fluvial. Esto es lo que aquellos murmuradores decían, sin agradecer la intención del sabio legislador, que no era otra sino la de procurar, por medio de medidas higiénicas, la mayor fortaleza de sus conciudadanos. Demuestra, sin embargo, este pequeño recuerdo histórico, que ya hnbo en la antigüedad quien pronunció la sentencia: No se puede comer cante, sentencia que si entonces demostraba una gran sabiduría, puede en los tiempos actuales ser formulada por cualquiera que, sin ser sabio, esté enterado de la tarifa de precios que alcanzan hoy día las chuletas de lomo bajo. Por algo la etimología de la palabra carne se encuentra en la locución latina caro, carnis, sin que esto quiera decir que el pescado no sea también caro en cuanto la Cuaresma asoma. No obstante, el origen de ambas palabras es muy distinto, ya que la carne viene, según hemos dicho, del latín, y el pescado viene generalmente de Santander. Bromas aparte, la costumbre de abstenerse de los manjares fuertes en esta época del año no puede ser más higiénica. Las carnes y los calores son en cierto modo incompatibles. Los pueblos del planeta, con una sabiduría que les honra, han hecho siempre... todo lo contrario. Parecía natural que los países fríos coasumieran carne, y los cálidos, pescados; pues, efectivamente, los esquimales se alimentan de peces