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coplas sentías, cantariyo á la sentara, hará serquita e tres años. No sé por qué me paesía que er sol tenía más oro, los campos más verdores y los pajariyos más piares. Nubesiyas e mariposas brancas m encontré ar paso, no fartando arguna atrevía que se parara e gorpe en el asa der cantariyo, y otras que con sus aliyas e sea besaran mi cara. Atóntoliná o buen presagio, apreté er paso, loqueando como ovejiya nueva detrás de las mariposas, y asina llegué á la fuente. Puse er cantariyo en aquer chorrito e prata, y sentá en un peñasco asperaba su arreboso cantándome por serranas, cuando sin darme cuenta gorví la cara ¡y quedé esclavisaíta! Junto á las piteras que sercaban la huerta cler Fdao vide un uiosuelo, que debía ser hcrmaniyo preíerío de tSi sítjj, nuestro pare Jesú. Moreno, muy moreniyo, espigao y garboso como ér solo. Con dos ojos m u y serenos, muy grandes y negros, ¡muy negros; Adelantó jasia la fuente, y con una voz que sumbó en mis orejas como abejorriyos en día e caló, me dijo: Mosita, ¿me jases la caria de darme dos cosas que naíta cuestan y, sin embargo, valen un mundo? Yo, atorruyaíya y sin poer mirar mucho aqueyos ojos que briyaban como bichitos e luz, le respondí: Di, mosito, lo que quieres. ¡Er cantariyo pa refresca mi pecho... y una miraíta p alegrar mi vía... Bebió mucho menos que me miró, y charloteando con temores y dimpués con alegrías, m acompañó