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FREGOLI Y LOS L E O N E S N Bolonia, donde actualmente se halla, ha realizado Frégoli, el querido artista del pú blico madrileño, el colmo del transformismo: entrar en una jaula habitada por dos leones, inquilinos de malas pulgas, y salir sin tener que cambiarse de ropa. I a aventura tuvo por testigo al público que llenaba el teatro, y que, impresionado por el capricho de Frégoli, trató con cariñosas protestas de que la tentativa no se realizase. Sonaron los timbres, encendióse la batería y apareció, con su inevitable flor en el ojal, el artista italiano, dispuesto á que el domador le presentase á sus dos pupilos. Cesó la música, y un silencio expectante reinó unos minutos. I,l egó el momento solemne. El domador Marcelo, después de colocar sobre una mesa dos copas y una botella de Champagne, restalló la fusta, perfiló con cierta coquetería su cuidada barba, y dijo con gesto arrogante al criado: -Abre. Los huéspedes leones, que debían recibir la atenta visita del universal transformista entraron con cierto aire magnánimo en la jaula, y deteniéndose en el centro, protestaron con dos incorrectos rugidos del potente foco de luz que hacia ellos dirigía sus rayos. Frégoli saludó con la más amable de sus sonrisas á E 3 i FREGOLI CON EL DOMADOR MARCELO FREGOLI DENTRO DE LA JAULA DE LOS LEONES los buenos amigos, y en honor de la verdad, justo es decir que los leones apenas si se dignaron contestarle. Sin duda para castigar aquella falta de respeto cometida con un artista como Frégoli, el domador agitó en el aire con violencia enérgicos trallazos, mientras Frégoli contemplaba la escena con aire de aparente tranquilidad. Terminado el alarde del domador, los leones deci. dieron aquietarse en uno de los extremos de la jaula, y entonces el artista italiano descorchó tranquilamente la botella, llenó una copa, y alzándola, dijo dirigiéndose al público: ¡Alia salute delle ¡ignore! Después de apurar el domador y Frégoli la botella, y de volver á rugir los leones obligados á interpretar un ejercicio acrobático por el que maldito si sienten la menor afición, los vecinos del desierto se retiraron á sus habitaciones particulares, y Frégoli escuchó una entusiasta y cariñosa ovación. Apenas salió de la jaula, acercóse á Frégoli un periodista, deseoso de conocer las impresiones de la aventura. Fl artista italiano confesó que para él entrar en la jaula de los leones había sido un poderoso recurso contra el spleen que le invadía. Sin embargo, el remedio- -aquí sí que puede justificarse- -parecióle al periodista peor que la enfermedad. Después Frégoli interpretó con su inimitable arte todo el programa de su espectáculo de transformismo como en las noches anteriores.