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de no jnenos venerables tradiciones! ¡Místicos muros elevados por Teresa de J e sús y heridos de m u e r t e p o r la d e m o l e d o r a piqueta revolucionaria; Yo os saludo; os saludo y lloro al regresar á la p a m a después de tres décadas de errar proscripto por extrañas tierras. Inútiles serán vuestros titánicos esfuerzos por resistir en pie el inclemente azote de los tiempos; vuestras piedras se irán desprendiendo, c o mo cayendo vau las canas de mi cabeza... Asi meditando sorprendióme la noche, sentado al borde d e escarpada roca, apoyados los codos en las rodillas y sosteniendo con las manos mi ardorosa frente. La luna, cual hostia santa se eleva con majestuosa lentitud sobre la espuma del Mediterráneo, reflejando sus i n q u i e t a s aguas m á g i c o s reflejos de plata y oro. A s u l u z las ruinas adquieren ideales formas y sombras imponentes. C u a l fantasma nocturno desciendo á recorrer el antiguo cenobio. C o l o s a l anfiteatro f o r i u a la cordillera s e m i circular, que en el mar h u n d e sus dos extremos. U n a alfombra de esmeraldas tapiza l o s montes de aromático pinar. Ivos seculares pinos fueron pasto de las llamas, que mi imaginación, excitada por la impresión, tne hace soñar i m p o n e n t e infierno. Las cenizas de aquéllos a l i m e n t a r o n un vivero de jóvenes pinitos.