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V si; 3 í- x i- í. t CARAS Y C A R E T A S ALREDEDOR de las Carnestolendas, los sesudos comerciantes suelen, colgar en sus escaparates cientos de caretas, á cual más ridicula, á cual más fantástica; y suele ocurrir entonces un fenómeno muy singular, y es que vemos ridiculizados todos los valores que representan algún poder ó alguna gracia, los valores más temidos ó más sagrados, para que nos riamos de ellos... Y aquí será bueno recordar aquel día que los romanos destinaban á invertir el orden de los atributos, de manera que el esclavo podía befar á su señor, y el señor se rebajaba hasta á servir de paje á su esclavo. Todo esto quiere decir que aún colea la esclavitud, y que los hombres modernos, cuando nos reunimos en montón, formamos plebe, que es lo mismo que esclavitud, y como tal plebe nos gusta befarnos de lo que está alto y délo que pesa antoritariamente sobre nosotros. Los comerciantes cuelgan sus caretas en los escaparates, y nosotros nos reimos ante sus ridiculas cataduras. Allí están, como condenados pendiendo de la picota; allí están, para que nos riamos nosotros con risa de esclavo. ¿Nó veis las caras idiotas de todo lo que nos asusta y domina? El obscuro artista tuvo el sarcasmo de retratarlas sin la grave apariencia con que las vemos en la vida corriente: puso en esas caras el color de la risa, puso en los ojos miradas bobas, en los labios muecas imbéciles, arrugas sin majestad en las frentes. Después de pintadas, el artista las decapitó socarronameute, vino el comerciante y las colgó de un garfio, y ahí están las cabezas para que la plebe se mofe y se ría... Podéis verlas y reíros sin peligro alguno: la fiera no tiene poder; está decapitada por el verdugo del ridículo. Ahí cuelga el político, el jefe de gobierno ó de bandería, al que temimos ú odiamos; podemos reírnos impunemente ahora. Ahí cuelga la cabeza del orador fogoso ó revolucionario: ¡riámonos sin miedo, que ahora lo han decapitado! Ahí cuelga también la cabeza de un inglés, del famoso ingles, el tradicional inglés de patillas: ¡riámonos hasta reventar, que ahora no puede agobiarnos! En fin, ahí están colgados todos: el guardia civii lo mismo que el niagistraclp... Y junto con ellos, ahí están las cabezas de animales, los toreros chatos, las beatas picudas, un automovilista y un japonés, un negro cubano y un alguacil... Y entremezclados con. ese universo de tipos antagónicos, cuelgan de cuando en cuanár; una cabeza de burro ó u n a redonda calabaza. ¡Nuestra alma de oprimidos, de eternamente oprimidos por las innumerables tiranías de la vida, he ahí cómo goza en las Carnestolendas, mezclando la ridicula redondez de una calabaza con los mostachos hirsutos de un guardia civil... J. M. a SALAVERRIA DIBUJO DE REGIDOR