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VISION rUT JHA 1 I r I i I ¡i i 1 I I 1. I I I iiI ih 1 I Fatalmente debía iniciarse ya el término del Dolor. Eran siglos de tenaz sufrimiento, la cadena agobiaba, y, al vigor de su peso, se rendíanlos hombres, desolados, maltrechos... La Humanidad, cansada del titánico esfuerzo, hizo un alto en. la lucha, se detuvo un momento, suspendió jadeante la labor del Progreso, y acordó que era inútil y era imbécil empeño persistir en la lucha sin vislumbres certeros de horizontes de triunfos, de crepúsculos nuevos... Y á los sabios llamaron y confiaron á ellos el estudio solemne, meditado y completo del problema terrible del Dolor sempiterno que librase al Espíritu de su yugo tremendo: ¡una idea sublime! ¡un heroico remedio que abatiese al Tirano, su poder destruyendo! Y los sabios reunidos en aquel Ateneo que de todas las ciencias era cifra y compendio, estudiaron el caso, consultaron mil textos, meditaron cien días y después discutieron... mientras fuera, impaciente, agrupábase el Pueblo; las mujei cs tranquilas y los hombres sedientos, IJegó al fin el instante. Por unánime acuerdo una fórmula hallaron los sesudos cerebros de ios sabios reunidos en grandioso Ateneo, u n a fórmula simple que encerraba el remedio y que al Pueblo que, ansioso, se agrupaba en silencio, desde el pórtico mismo fué leída por ellos: El Dolor es la Vida. El Dolor es eterno. En la entraña del hombre clava el garfio de hierro cuando el alma ha iniciado su primer aleteo. Y al compás de la Vida va él también extendiendo por recónditas células donde habita el Misterio, como pólipo horrible, sus tentáculos férreos. sDesarmarle es inútil: en su esencia es veneno. Mientras algo perdure, su poder es funesto. ¿Cómo, pues, destruirle? ¡Sólo existe un remedio! No ofreciéndole víctimas que devore cruento. Destruirlo de golpe al no darle hombres nuevos. ¡Del Placer es forzoso que seáis abstemios! Oyó el Pueblo, confuso, las palabras del Genio que esparció por los ámbitos en sus alas el viento. Da sentencia era firme; radical el remedio; poderoso en su lógica el fatal argumento. En señal elocuente de profundo respeto, contraídas las frentes se inclinaron al suelo... Dé dorada colina que se eleva a l o lejos dominando la mole del grandioso Ateneo, una Virg- en desciende y, acercándose al Pueblo, con sonrisa de perlas que en sus labios ha puesto el Amor, lentamente, con murmullo muy quedo, va diciendo á los jóvenes: ¡No hagáis caso á los viejos! FÉLIX LIMENDOUX DIBUJO DE ESPl S. t á w l íí- t-