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yo tuve la barba y elpelonegross, callóse sorprendido y b u r l ó n al ver que después de su tránsito, el tiempo ha seguido haciendo de las suyas, y también yo voy para canoso. Sintióse un ruido, y al a c u d i r á él con mi vista y a t e n c i ó n he a q u í que, encuadrada su f i g u r a en una puertecilla, aparece Blay invitándome á pasar al taller, las manos apoyadas sobre el m a r c o el busto fuera á plena luz. P a r e c í a uno de, esos medallones de alto rel i e v e del Renacimiento que decoran señoriales portadas, con su f r e n t e terca, su abundante barba y la audacia de la sencillez v a r o n i l en los ojos. Entré, estaba (77 tiendo barro. El escultor, sorprendido en su faena, responde á la intención u r b a n a del visitante, mostrando sus manos cubiertas de barro y su blusa de alÍDafíil. No hay saludo posible con un hombre de estas trazas: el saludo corriente, apretones de manos y pahnaditas. Guárdase uno la fórm u l a p a r a otra ocasión, y también prescinde de sentarse, y á poco que trate de curiosear, se llena de agua, de barro, de yeso; como que en ningún taller, laboratorio ó gabinete de trabajo se simboliza como en el estudio del escultor la marcha fatigosa y lenta de las ci- eaciones humanas, d e s d e lo informe, desde el Z. VAVWK material grosero, desde el dato en dispersión, hasta la perfecta forma en que tras de fatigosos t a n t e o s desfallecimientos y alegrías alcanzan su ser inventos, s i s t e m a s y c r e a c i o n e s del arte. De la estancia en que me recibió el artista, la de los b o s q u e j o s estudios y correcciones donde el vaciador r e c o g e la forma definitiva, p a s a m o s á otra. Hermosos bloques de riquísimo mármol á medio desbastar ofrecen en ella trozos exquisitos de desnudos y detalles de composiciones que resaltan más bellos entre las huellas de r u d o picapedrero d e d o n d e eniergen. D e aquí pasamos á lo que pued e llamarse museo de las obras de Blay. Está en el que fué estudio de Moreno Carbonero. Es un salón confortable, poblado de bustos de hombres, mujeres y niños, y de reprodíieciones de algunas de sus principales obras. Blay es nn observador profundo; modela, acaricia la forma somo nadie, y aunque en todas sus obras resplandece e s a ambición de e l e v a d o clasicismo que hace á la m ayoría délos verd a d e r o s escultores, es en los bustos infantiles donde siempre resulta prodigioso, p u e s no se escapa á sus medios ni el más ligero matiz del angelical c a n d o r de sus modelos. Entre los b u s t o s donde en el