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ÍDUELBLAY íQt ü N la calle de Lista, no sé el n ú mero, poco más allá de la estatua de Salamanca, frente á uno de esos edificios religiosos, flamantes, aristocráticos, de moda, herméticos, hostiles, que, como ciertas personas de las habitualmente acorazadas con el impecable figurín, correctas y frías, mantienen á larga distancia al vulgo de los mortales, por un zaguán burguesote que pasada la escalera continúa á modo de pasaje, llégase á una puerta amplia, cerrada con dos postigos. Uno de ellos dice, con las sobaduras del l a r g o uso: pqr aquí se pasa y por él entré yo á un jardinillo todo alegría. A este jardín dan las puertas de una especie de avispero de estudios que tiene historia. Hizo la casa y las celdas para artistas Luis Sáinz, un pintor que pintó á ratos, é hizo más que otros pintando toda la vida. Han podido al cabo en Luis Sáinz más los achaques y la condición de casero que sus aficiones artísticas, y hoy cobra, ó debe cobrar, h a s t a los alquileres del estudio que él utilizó en otro tiempo, vecino del que tiene el maestro Sala, y d o n d e llevaré al l e c t o r o t r o día. F r o n t e r o s están los varios que ahora ocupa Miguel Blay. ¿ElSr. Blay? CABEZA D E NINA ÍMM MARQUESA DE IVANREY dije a u n famulillo bondadoso, servicial, ágil, de esos que, al obedecer una orden, desaparecen por el aire ó rodando sin ruido, como un ovillo de lana con alma de duende. Curioseando los rincones y sendas del jardincito donde la primavera anuncia su triunfo cercano, creía leer á la puerta de cada estudio nombres y nombres de artistas unos sobre otros, como en las muestras de tiendas h u m i l d e s se a d i v i n a bajo la razóri, social ó el nombre del comerciante, otroyotros l e t r e r o s borrosos bajo sucesivas capas de color. Mor e n o Carbonero, Parada y Santín, Macfreu, Valcorb a muchos q u e aún p i n t a n han pintado allí. También pasó gran parte de su vida de e n s u e ñ o en estos estudios Pelayo, aquel refinadísimo premodernista, pelotari a t l é t i c o que en plena juventud y d e u n encontrón brutal se llevó la muerte. Me parecía verlo gozar del aire libre y del sol e n t r e los arbolillos, y á D. Plácido Francés, tardo, todo sordera, con el pelo y las barbas como la nieve, que llegándose á mí como en otro tiempo, y al decirme, según solía, mirándome fijo al rostro, como si en toda o c a s i ó n me Viese por vez prim e r a También