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vii j s i IB i I J iJS e i fi v: t i I- r i: LA VO DE LOS ARBOLES í í ADx árbol y cada humilde hierDecilla tienen una particular vsignificación y su voz propia. Aunque el viento mueva á todos los árboles y saque de ellos un mismo rumor confuso, ¿creéis que todos los árboles hablan de idéntica manera? Subios á la montaña, y si tenéis el oído perspicaz, si está vuestra alma familiarizada con los sonidos del campo, escucharéis cada una de las notas de ese rave 3- profundo concierto que están sonando continuamente ios bosques, al amparo de las montañas. Oid. Los laureles son el símbolo de la gloria y crecen en el linde de los caminos. Cuando el viajero se sienta á su sombra, oye un leve rumor, una tácita voz que le habla de cosas lejanas é infinitas, de cosas tentadoras y celestiales... Los laureles hablan da la gloria, del triunfo, de la pelea á todo evento: los laureles están apostados en el lindero de los caminos para cumplir su misión alentadora: alientan y empujan al hombre, y le animan á que prosiga ese duro camino de la vida que nunca tiene fin, si no es en la muerte. Pero los robles hablan de cosas más graves y macizas. Los robles son los hijos queridos de las montañas: los robles y las montañas se entienden mutuamente y se compenetran de admirable manera: son los árboles patriarcales, los sesudos del monte, los que hablan de siglos remotos: á su sombra gustan sentarse los ancianos de la montaña, y en algunos pueblos antiguos, el roble. era el símbolo de la libertad. Los vascongados, que son unos hombres muj antiguos, llamaron al roble el árbol sanio. En cambio, los cipreses, apuntando con su línea sombría y aguda hacia el firmamento, son árboles tristes que no se cansan de ponderar la muerte. También los sauces hablan de la muerte: á la orilla de las aguas remansadas, los sauces llorones parecen cabezas con la cabellera caída, moribunda. Recuerdan á Ofelia cuando se miraba en el ag ua, poco antes de niorii El sauce, ese árbol del suicidio... ¿Y los pinos? El pino es un árbol robusto y agreste que vive en la soledad de las dunas y en los montes desiertos. Es el árbol varonil que ama la melancolía, la soledad. Cuando lo mneve el viento, de sus ramas sale un gemido largo y profundo. ¡Qué bien suena el pino junto á las olas del mar, encima de los salvajes acantilados! Y cuando en la primavera salen ios grillos á cantar, ¿quién oyó canción más intensa y más sutil, más íntima é inefable que la que forman á unísono ei gemido de los pinares y el incansable, el espasmódico, el redoblante y obstinado cri- cri de los grillos? El pino es un árbol que habla de leyendas y de poesías. Allá en el frío Septentrión forma bosques interminables, y antiguamente, cuando se forjaban las leyendas, los bardos germanos colgaron más de una vez sus sonoras arpas de las ramas de ios pinos; pero en el claro y dichoso país Mediterráneo, los pinos son sensuales, son paganos, hablan de mitos encantadores; tienen allí los pinos la copa redonda, turgente 3 afeminada, y ó. su sombra iban á cobijarse las ninfas, y á jugar, el seno decnudo, junto con los nisticos faunos. j M. a SALAVERRIA DIDUJO U S REGIDOR á H