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dmero y sin virtudes, era digno émulo de Picaporte, disputándole, por cuantos medios le sugería su imaginación borrascosa, el cetro de la truhanería local. Fué aquélla una época de triste recordación para el pueblo; los cuatro lustros desde entonces transcurridos, apenas eran suficientes oara borrar el recuerdo agraciado rostro, en tanto que Picaporte introdujo su arma por un costado á Sarampión, produciéndole tremenda lierida, que ocasionó la pulmonía traumática, poniendo á las puertas de la muerte al lesionado. Como es lógico, aprovechóse la ocasión para poner á buen recaudo á Picaporte- con lo cual los honrados r- íHg- de las hazañas realizadas de consuno por Picaporte y tío Petronilo, que entonces era designado con el apodo de Sarampión. Entre ambos tenían aterrorizada la comarca, no atreviéndose nadie á denunciarlos á las autoridades por temor á las represalias, aparte de que sus fechorías, siendo suficientes para inspirar serios temores á todos, no eran del calibre necesario para que, entregados sus autores á la justicia, pudiera ésta ponerlos á la sombra durante una temporada razonable. Pero, como muchas veces ocurre, el asunto se resolvió por sí solo; disputando un día acerca de cuál de ellos era más hombre que el otro, vinieron á las manos, lo cual equivale á decir que sacaron sus fenomenales navajas de siete muelles, y arremetiéndose con feroz denuedo. Sarampión dio á Picaporte un tajo en la cara, desfigurando por completo su no muy vecinos respiraron satisfechos, creyéndose libres de entrambos forajidos, pues el uno moribundo y el otro preso, no era presumible que volvieran á soliviantar con sus gatadas á la gente. Sin embargo, no fué todo tan á pedir de boca como en un principio parecía; contra todas las probabilidades, Sarampión quedó sano después de larga convalecencia, en tanto que la pena impuesta á Picaporte, aunque crecida, dejaba campo para que, pasado algún tiempo, y en virtud de indultos y condonaciones que amenguaran el castigo, regresase, llevando sobre su cabezota la borla de doctor en la ciencia de Monipodio, adquirida en las lejanías del presidio. Pero una vez restablecido Sarampión, y cuando ya se esperaban de él nuevas trapacerías, pudo observarse que estaba en absoluto metamorfoseado: abandonó la chirlata, suprimió la bebida, ingeníeselas