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excluía de sus dominios á los extranjeros. Francia, Alemania, Portugal tenían allí embajadores mu acreditados, venidos de Champagne, Borgoña, Burdeos, el Rhin y Oporto. El lugar preeminente quedaba, sin embargo, para Jerez, Sanlúcar y Málaga, y no por puro amor á la tierra, sino porque ea justicia y conciencia, la conciencia del paladar, no hay en el mundo dulce como el moscatel malagueño ni substancia como la substancia jerezana. Era avaro de su tesoro, regalaba y convidaba poco y no consumía mucho, pero había de ser exquisito. Si gastaba diez pesetas en vino, las gastaba en cinco copas, en vez de cinco botellas, prefiriendo comprar un granito de oro que luce, á comprar varios kilos de plomo que pesa y desequilibra la cabeza haciéndola tambalearse. ¿Y cómo se llamaba nuestro protagonista? I e llamaremos Noé, nombre simbólico, por si le ofende salir al público con su nombre verdadero en la pres ite historia, que si no es de vicios, no es tampoco de virtudes anacoréticas. Pues acaeció que el tal Noé fué afligido de desventuras tan fuertes é inesperadas, que le desolaron y pusieron en camino derecho de la locura. Dijose que fueron males de amor y de ingratitud y deslealtad de mujer; quién sospechó que en su propia casa y matrimonio, quién que fuera de ellos. Eo cierto está por ave riguar. ¿Ni cómo averiguarlo de hombre que de repente cierra la boca como la cerró él, y cae en la muda y torva melancolía, aborrecedora de las gentes y la existencia? Debieron de ser hondas y crueles las causas, pues con fiereza le acometieron y le pastraron de ánimo y de raciocinio, al extremo de sugerirle la desesperada idea del suicidio. Convirtióse la idea en manía, la manía en determinación, la determinación en suceso próximo. No era resolución súbitamente concebida y ejecutada por el arrebato, del cual casi todos los suicidas se arrepentirían si la muerte les diera lugar al arrepentimiento. Era proyecto lentamente elaborado por la hipocondría, y como obra premeditada, hecha con arreglo al manual del suicida de orden, que no quiere comprometer ni perjudicar á los sobrevivientes. Noé dejaba sin duelo el mundo, el bienestar, la vida. Pero ¿cómo dejar la adorada bodega, que no tenía culpa de sus males, sino que, por el contrario, los consolaba á veces con el bálsamo de las botellas, tan generosas que daban la sangre de sus henchidos pechos para alegrar á su amo? Encerróse en la cueva, contempló largo tiempo las filas de los anaqueles, se despidió de los vinos extranjeros; al fin eran de raza y familia diferentes y no tiran demasiado del cariño. Al llegar á los compatriotas se enterneció. Pensó mucho, y después de pensar, resolvió... suicidarse, sí, pero aplazándolo para después de consumir todo el Jerez y todo el Málaga existentes. No pudo, por más que quiso, dejarlos huérfanos. Ateniéndose al ya mentado ritual del perfecto suicida, ordenó sus asuntos y escribió las consabidas cartas en que notificaba el propósito, las razones y hasta el plazo, término y hora de la ejeeución. Y las confió á un amigo del alma, con encargo de conservarlas en depósito, como testamento cerrado, hasta la muerte del testador. Cayeron en buenas nranos: en las de hombre de seso, previsión y conciencia, que precisamente por su coiiciencia se creía desobligado de secretos que pudieran dañar á alguien. El estado anómalo de Noé y sus rarezas indujeron al amigo á temores siniestros, por lo cual abrió las cartas y e: i ellas encontró lo que temía, y también el modo de impedirlo. Concertado con la familia, hizo una llave falsa, porque la verdadera no salía de manos de Noé, y con la falsificada abría frecuentemente la bodega, llenándola de rico Jerez, de suerte que repuestas constantemente las botellas consumidas, como se reemplazan con soldados vivos las füas- de soldados muertos, J O acababa la provisión. Noé, enamorado de su vino, no caía en la cuenta, y aun se complacía de la milagrosa abundancia. Así corrieron los meses, sin que llegara á cumplirse el plazo mortal. El tiempo y quizá el buen vino fueron mitigando los dolores y cambiando las ideas del infeliz. Y he ahí por qué vivió muchos años, y tal vez los siga viviendo en salud, paz y gracia de Dios. Y he ahí también el caso decisivo de la cuestión disputada desde los tiemposdel viejo Noé, y resuelta por el Noé contemporáneo, loco que habría muerto en cuanto muriese SLL última botella. ¿Es perniciosa la uva líquida? ¿Puede, pues, dudarse de que alarga la vida? EUGENIO SELLES DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA