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comer bien y más amigo de beber excelentemente, gusto que le había quedado de su oficio de catador de vinos, con el cual granjeó una mediana hacienda que le consentía alimentar aquel gusto. De suerte que ambas condiciones, de rico y de catador, confluían y se juntaban en él para hacerle gran bebedor. Y se le llama bebedor grande, antes que por la- canti. dadf por la calidad de- lo que bebía y por la inteligencia, pericia y delectación con que lo apreciaba, l odia y sabia beber. Era, puea, principalmente, un bebedor en el signifi- J 1 í VA; r r 1 cauo preciso uc la püíaiji es uei ii, LJLIC ucu i i sjí i llegar á borracho por exceso, vicio ó con háb f de embriaguez. Mejor faltarían ropas en el ropero y hasta provisiones en la despensa, que vino superior en la bodega, que era el departamento más cuidado de la casa, Diblioteca de su saber, oratorio de sus oraciones, camarín de sus recreos y placeres. Separadas por clases y orígenes, como la alta nobleza se separa de la simple hidalgueria; rotuladas con la fe de bautismo por edades, yacían, porque tendidas estaban, en los anaqueles las botellas de licores preciados, puestas las viejas delante, como para guardar y defender á la infancia, y detrás las nuevas, como niñas que aguardan su edad para ocupar los vacíos que la muerte va haciendo en las primeras filas. El ex catador, que aunque patriota de España, era más patriótico de lo bueno, naciere donde naciere no