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clamación ni dentro ni fásra del radio profético. Estas adivinaciones ¡oh vergüenza! ni más ni menos que los vodeviles, las hemos tenido que arreglar del francés, pues hasta en esto nos mojan la oreja los vecinos. Alguno podrá ponerme reparos diciendo que entre nosotros también tenemos sabias y acreditadas pitonisas. Es verdad, pero son todas de la Academia de raadanie Pilongue, la protegida por el maestro Cavia; pitonisas del género chico, por decirlo así, con tin insignificante y vulgar repertorio, i las falta también la aureola de la publicidad, el productivo reclamo, y generalmente cobran por sus misteriosas y evocadoras consultas precios parecidos á los de la tarifa militar, ¡unaporquería! Sin duda porque son bachilleras en las ciencias ocultas, viven en lugares extraviados y ocultos á las miradas de los profanos. Realmente es cosa triste que no tengamos en España una pitonisa del tronío de la Thebas, que en París ocupa tan preeminente lugar y hace profecías como el Zaragozano, pan todo el año. Ko es posible la competencia. El arte de las videntes de nuestro pueblo se reduce casi siempre á satisfacciones para el amor. La dama que desea saber si su amado se la da ó no se la da con otra, si es correspondida y para cuánto tiempo; la desdeñada que va en busca de un filtro poderoso para enloquecer á su ingrato y pérfido galán; la que pretende salir de un paso comprometido sin que, se entere ni el nuevo servidor; la que hasta si se la pierde un objeto acude para su pronto hallazgo á la pitonisa, y la misma pensionista que se entrega mejor á los genios ocultos para saber lo que la corresponde de viudedad, que al habilitado de Clases Pasivas. A estas modestas imitadoras de madame de Thebas, Urge, pues, por decoro nuestro, tener una para la exportación, decentemente amueblada. Se impone, no hay otro remedio, la creación de una Acadeima especial preparatoria ele pitonisas ó la organización de un Concurso con sus premios correspondientes. Es depresivo no poseer entre nuestra colección de celebridades una pitonisa de cartel, y hay que tenerla en el plazo más breve posible, sea como sea. Ya lo saben ustedes. Hay que proveer esa vacante que pr- isionaImente disfruta madame de la Püongue. Basta de pitonisas de á. real y medio la adivinaC ón. Es absolutamente necesario. Luis GABALDÓN DIBUJOS D S SILENO