Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL BRASE E aquí otra institución que desaparece, otro chirimbolo nacional que rueda üacia el abismo del olvido, llevándose algo de nuestro propio ser... El brasero se va; le echan, mejor dicho... ¡Que conste, por lo menos, nuestra protesta! Desterrado tiempo ha de las casas grandes, de las amplias mansiones señoriales donde su presencia era un vivo testimonio del fuego tradicional, también va desapareciendo de los hogares modestos, hoy invadidos por las estufas de todas clases. Sólo las gentes htimildes le conservan, demostrando el verdadero amor del pueblo á las glorias de su patria; pero tal vez mañana, cuando los modernos sistemas de calefacción desciendan hasta los misérrimos bolsillos del coro general, el liada de la economía doméstica se lleve el brasero de éste, su último refugio... ¡Que conste, por lo menos, nuestra protesta! El hombre es un animal intranquilo que nunca está contento con lo que tiene, y en su perenne persecución de goces inéditos, cambia hasta la manera de calentarse... Guiado por esa voz desconocida é imperiosa que trastorna constantemente su vida después de trastornarle la cabeza, hoy se. aleja del brasero, sin pensar que lo que debe hacer es acercarse... ¡El brasero... ¡Simbólico armatoste que nos recuerda la infancia del mundo... Asi también en las edades primitivas el hombre calentó sus miembros ateridos ante unas brasas rodeado de su apreciable familia... ¡Retengamos al brasero! ¡Defendámosle contra las. invasiones caloríferas más cómodas quizá, más elegantes, más saludables, pero menos humanas... El brasero es la concreción plástica de los intangibles mitos solares... ¡Pobres de las casas donde sea verdaderamente un mito... En todas lo será pronto, muy pronto, aunque por otras causas... Porque el brasero se va; se va como se fueron tantas cosas... ¡Que conste, por lo menos, nuestra protesta... Concedamos, con una magnanimidad de espíritu impropia de nuestra época, que la estufa de coque, que la estufa de gas, que la estufa eléctrica, que la estufa de petróleo sirven mejor que el brasero para el uso indicado... Siempre quedará á favor del artefacto clásico una razón eminente, capaz por si sola de convencer á los que le abandonan... ¡El brasero da un calor cordial! Ante él se agrupan los hijos y los padres, juntos, muy juntos, en santa participación de la lumbre y del cariño. Sólo á quien goza de nuestra intimidad invitamos con un sitio á nuestro lado, en torno de la tarima... Y en las dulces veladas, oculto en la camilla bienhechora, el brasero enciende nuestro corazón y enciende también las mejillas de la mujer adorada, cuyos ojos relucen como dos brasas... ¡Oh santo, fuerte, inmortal brasero... ¿Y ha de morir... ¡Que conste, por lo menos, nuestra protesta! ¿Cómo no ha de invitar al amor, si está en la esencia de su propio ser... Bajo la ceniza que le corona late la lumbre de su corazón, ansioso de brindarnos sus beneficios. Tiene, como el volcán, el fuego en sus entrañas; sólo que el fuego del volcán mata y el del brasero vivifica... Da badila hiere sus carnes, y él se abre rojo, encendido como una granada, y desparrama su sangre generosa con efusión ferviente... Sé como el sándalo- -dice el proverbio, -que perfuma el hacha que le hiere. Así el brasero calienta la badila que le destroza... Le da lo que tiene: calor... ¡Oh, cuando los años pasen, cuando nuestros cabellos estén blancos, quién pudiera conservar un poco de fuego bajo su nieve... ¡Quién pudiera animarse con un -firmüa... Admiremos al brasero que nos sugiere un deseo tan agradable... Admirémosle antes de que desaparezca... Porque ya está firmada su sentencia de muerte... ¡Que conste, por lo menos, nuestra protesta! Y tú, hermano gato, ¿dónde te calentarás ahora... Cuando retornes de tus pesquisas donjuanescas, cuando quieras tumbarte á la bartola para gozar del tibio calorcillo que t u piel prefiere, buscarás en vano la alambrera que orlabas con tu sabia pereza, y buscarás también inútilmente el regazo familiar que ante el brasero e esperaba... ¿Verdad que á ti tampoco te resulta la estufa de coque, la estufa de gas, la estufa eléctrica, la escufa de petróleo... ¡En todas se olvidaron de arreglarte el trono que mereces! Tú amabas, como yo, el brasero, donde hallamos dulce calor, tranquilidad y sueño... Pero, ya lo sabes: el brasero se va; le echan, mejor dicho. ¡Que con. te. por lo menoSf nuestra protesta! ANTONIO PALOMERO DIBUJO DB M ESPÍ H